¿Y si lo hicieras bien, cómo sería?
De pequeño tuve un monitor en los Scout que un día,
trabajando en ya no recuerdo el qué,
en el campamento,
me dijo al finalizar lo mío:
- ¿Y si lo hicieras bien como sería?
Y me quedó para siempre.
¿Cómo sería eso que estás haciendo si lo hicieras bien?
Primero,
te obliga a pensar que es “bien”,
después,
te obliga a mirar de formas muy diferentes lo que estás haciendo para ver qué no se ve “bien”,
y cómo hacer que se vea “más bien”.
Y sin querer,
creas una forma de hacer las cosas que cuándo pasa el tiempo,
y pasan las miles de cosas hechas,
entiendes que como haces una cosa,
lo haces todo.
Es una forma de cuidar y respetar lo que haces.
Los japoneses lo llaman Monozukuri.
Ayer un fundador me dijo:
“tengo envidia de aquellos que manejáis vuestras virtudes con naturalidad, seguridad y arte para que lo difícil parezca fácil.”
Y yo recuerdo a ese monitor diciéndome:
¿Y si lo hicieras bien, cómo sería?
El síndrome el impostor nos golpea con su calcetín sudado en la cara siempre que tiene ocasión...
- eres una mierda y lo que haces apesta como éste calcetín en tu cara... (eso dice el mío)
Nadie que crea y se expone está libre de eso.
Sobre eso,
Sobre el síndrome del impostor,
hay una autora referente:
Valerie Young.
Dice por ejemplo: “No esperes hasta que te sientas seguro para empezar a hacer lo que quieres hacer. La confianza se construye al hacer, no al esperar.”
Esto ha marcado mi vida,
nunca estás seguro de aquello que vas a hacer.
Pero si que puedes estar seguro de dos cosas:
- Que esperando no ganarás confianza en aquello que quieres hacer bien.
- Y que aquello que te gustaría hacer puede que no haya nadie mejor que tú para hacerlo como tú crees que debe hacerse.
Valerie tiene otra cita maravillosa sobre eso último:
"En lugar de pensar '¿Quién soy yo para decir, hacer o liderar esto?', las personas exitosas piensan '¿Quién soy yo para no hacerlo?'”
Yo sacaría el concepto “éxito” de la cita porque da igual.
Y ya apesta tanto éxito por acá y por allá.
Hablamos de hacer,
de hacer bien,
de querer hacer,
y de el miedo que todos tenemos cuando hacemos.
El éxito… sólo es el cartel amarillo en el escaparate que llama tu atención.
Que enciende tu deseo.
Una basura inútil e inservible que no necesitas.
Una bandera a cuadros.
Una botella de champán vacía sobre la alfombra.
¿Cómo sería eso que estás haciendo si lo hicieras bien?
El otro día en una reunión con un emprendedor me dijo:
- ¿Y qué pasa si no conseguimos los objetivos?
Mira,
esto es importante en cualquier cosa que hacemos en la vida.
Está bien tener metas, lugares donde quieres llegar, propósitos, aspirar a ciertos resultados…
Todo eso bien.
¿Ponerse un tiempo para conseguirlo?
Eso mal.
El problema con los objetivos es cuándo pones un tiempo límite para conseguirlos. Cuándo eliges al villano Calendario para dominar tu plan.
Por eso la mayoría de estructuras empresariales están mal dirigidas y sólo cultivan gente que odia su trabajo.
Porque se basan en calendarios de objetivos con tareas milimetradas.
Matando por anticipado el poder del momento.
Eso que sucede cuando estás inmerso en la tarea,
cuando estás dedicado a hacer eso que estás haciendo BIEN.
No pasa nada si no consigues los objetivos cuando esperabas conseguirlos,
lo que si que pasa es que no estés haciendo nada para conseguirlos.
Eso es lo importante,
el cuándo…
Es una de las preposiones peor utilizadas.
Todo en la vida depende de las preposiciones.
Cuándo
usar
cuál.
el qué, el cómo, el quién, el cuándo, el dónde….
Los malos gestores siempre las usan mal.
Siempre que alguien dice:
- Bien, entonces ¿cuándo vamos a tener esto?
Suspiro…
Siempre,
es,
mejor,
preguntar:
- bien, entonces ¿cómo vamos a tener esto?
En la mayoria de casos, el cómo siempre delante del cuándo.
El Cómo traza un plan, y pone unos quienes, y pone unos dondes y ¿sabes qué?
El cómo motiva.
Porque el cómo incentiva el trabajo en equipo.
Da valor a todos, utiliza los mejores “bienes” de cada uno.
El cuándo.
Aprieta sogas.
Y cambia el enfoque.
Los cómos siempre llegan antes a meta,
más audaces y con mejores soluciones.
Los cuándos son pandilleros en callejones oscuros que te obligan a evitarlos y caminar por lo conocido y seguro.
Hoy terminamos preposicionados,
pero un poco más ligeros.
Porque hemos aprendido varias cosas:
- Que como haces una cosa lo haces todo.
- Que siempre puedes preguntarte como sería eso que estás haciendo si lo hicieras bien.
- Que la confianza en aquello que te gustaría saber hacer se consigue haciendo.
- Que el uso de las preposiciones cambia drásticamente el proceso y los resultados.
Y todo esto,
tan simple,
es una receta poderosa que practicar ya.
Mañana te busco a las 15:45.
Vamos a adentrarnos en los callejones con más maleantes y nos vamos a enfrentar a ellos,
vamos a enseñarles quién manda,
pero sobre todo cómo mandamos.
Porque nosotros sabemos,
sabemos cargar nuestro arsenal con la preposición adecuada.
No llenamos el cargador con cuándos de fogeo.
Lo nuestro avanza, mejora y perdura.
Venga hoy sí.
Hoy te haces Fundador porque ésta noche necesito que los fundadores me ayudéis con el próximo invitado del podcast.
Va a venir el martes al estudio un periodista deportivo de motor muy conocido y quiero que me ayudéis a darle forma a la charla.
Qué curiosidades, temas... lo que sea que os parecería meter en la charlita.. Y cómo no, si queréis meter una pregunta.
Además, os voy a contar un nuevo formato que introducimos en ese primier capítulo de la nueva temporada.
Hoy, a las 20:30 os mando email sólo a los fundadores para esto.
Asi que, como sé que te gusta esto porque has llegado hasta aquí,
y posiblemente veas los vídeos en nuestro canal, y también, escuches el podcast...
Ha llegado el momento de que participes más activamente y sumes al proyecto.
Y eso, lo haces bien haciéndote fundador.
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