Tomates que saben a tomate.
El otro día escuché a alguien famoso y millonario decir:
“No hay nada peor que ser famoso y pobre”.
Se refería a la era en la que vivimos, en la que es relativamente posible que alguien ascienda rápido al conocimiento popular, pero sin obtener ningún tipo de retorno económico a cambio.
Lo que le convierte en alguien conocido. Rostro no invisible en cualquier movimiento en entorno público, pero que, desgraciadamente, esa pérdida de anonimato no tiene por qué venir acompañada de rendimiento económico.
Y me hizo pensar.
Sobre todos aquellos grandes de la historia que murieron siendo conocidos en lo suyo, pero pobres como ratas.
Modigliani, Van Gogh, Rousseau, Sebastian Bach, Schubert, Gauguin…
- No eran tan conocidos…
- Bueno, eran muy conocidos en su contexto. Pero la época no disponía de oportunidades para trascender como hoy… así que el ejemplo me vale para el tema de hoy.
Famoso y pobre.
Desconocido y rico.
Pues mira, la mayoría son desconocidos y pobres.
Esa es la realidad.
¿Y podrían ser conocidos o ricos?
Pues no, no cualquiera puede alcanzar una o la otra cosa.
El “si quieres, puedes” de hoy trae trampas y embustes que hacen a muchos vendedores de ese mensaje famosos y millonarios.
El tópico es el mismo en la mayoría de creadores de contenido que hoy en día dominan el escenario:
“Riqueza, reconocimiento, independencia financiera, autoridad…”
Pero es curioso que ninguno de estos ha hecho otra cosa que hacerse popular vendiendo eso.
Es como vender cursos para hacerte rico invirtiendo en bolsa.
Como se hacen ricos es vendiendo cursos para enseñarte cómo hacerte rico….
- ¡No seas tonto, hombre, si es muy fácil! ¡Sólo tienes que hacer lo que yo te diga!
- ¿Decirle a otros que te paguen para que les enseñes a hacerse ricos?
- ¡A mí me ha funcionado! ¡y mira cuánto dinero tengo!
- Ya….
Curiosos tiempos...
¿Si tuvieras un método infalible para invertir en bolsa, lo repetirías cada semana o venderías un curso / libro / membresía?
La necesidad cava la trampa.
Y el algoritmo te empuja a ella.
La gente quiere consumir ese contenido porque durante ese momento, sienten que están ahí, que pueden conseguirlo también… y algunos compran.
Pero están comprando a chavales, a veces críos… que nunca han trabajado para sacar adelante una empresa. Que nunca han invertido todo lo que tenían en un proyecto o arriesgado su carrera o patrimonio..
No los culpo, son fruto de su tiempo.
Fruto temprano y temporal sin sustancia.
Tomates que no saben a tomate.
Cuánta gente hay gastando lo poco que tienen por aspirar a una vida mejor pagando a gente que se hace rica solo por decirte que si ellos pueden tú puedes...
Es un tiempo loco. Único en la historia.
Cada semana estudio y analizo casos de empresas y empresarios muy diferentes.
Trabajo en estrategias, nuevas líneas de negocio, oportunidades y áreas de acción. ¿Pero sabes qué?, sobre todo, tengo en cuenta lo que esa persona está dispuesta o no a hacer, qué problemas quiere resolver y cuáles no.
Porque no hay una receta mágica para todos.
Eso es fundamental en mi trabajo, en cómo puedo ayudar a la gente en sus proyectos.
Y desde el andén, veo pasar estos trenes de alta velocidad de cartón-pluma… que en cualquier momento acabarán desvaneciéndose sin más… porque no tienen más.
Promesas que no saben a tomate.
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