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Soy mejor CEO que tú.

Hace un par de años, en una Start-up que fundé y de la que fuí CEO durante años, el consejo de administración decidió destituirme.

Y en mi lugar pusieron como CEO a un amigo de uno de los inversores.

Con 0 experiencia en el sector en el que se desarrollaba nuestro emprendimiento y con algunas carencias muy significativas.

Tenía cosas buenas, obviamente, pero sus cosas buenas no eran suficiente para compensar mis cosas malas.

Yo tengo muchas cosas malas:

  • No soy un gran gestor financiero.
  • No cuido y mamoneo con las relaciones de los consejeros.
  • No hago networking y sobre todo… no cuento milongas…

Y seguro que unas cuantas cosas malas más… Pero esas ya son suficiente como para tener desencuentros con el consejo de administración.

Yo me dedico a crear, lo mío es el equipo, el proyecto y proteger la misión y visión de la empresa.

Y así como esas cosas malas, también tengo algunas buenas.

La que sobre todo destaco es el valor en el equipo humano. En todas las empresas que he tenido, los compañeros y compañeras siempre han ido a muerte conmigo.

Y la verdad que podría parar ahí mi desglose de cosas buenas porque, sinceramente... dime que hay mejor que eso.

Que el equipo humano vaya contigo incondicionalmente quiere decir:

  • Que les cuidas.
  • Que les enseñas.
  • Que les defiendes.
  • Que les escuchas.
  • Que les respetas.
  • Que creas un entorno amable para trabajar y donde puedan crecer profesionalmente.
  • Que no les engañas….

Y así un listado gigante.

Conseguir que tu equipo sea una piña contigo… es siempre buena señal.

Cuando pasó todo esto yo tuve una crisis emocional y existencial importante.

Nunca me habían destituido antes.

Tampoco nunca me despidieron de ningún sitio.

Y esto no era un despido…

A mi me “degradaban” y ponían a otro por encima.

Superé la crisis centrándome en todo lo que podría aprender de esa situación.

Aunque a veces las escenas fueran surrealistas…

Pero agache mi ego y fui mi mejor versión durante esos meses (porque duró 6 meses).

Durante ese tiempo seguía siendo yo quien lideraba cada reunión, porque en un equipo no lidera el “jefe”, lidera quien tiene liderazgo.

Porque una cosa puedo asegurarte. Y es que el líder no es líder porque lo diga su firma de correo, su tarjeta, tenga más dinero que el resto… y mucho menos, porque el equipo le tenga miedo. No respeto, miedo.

Así no se lidera, por mucho que alguien sin habilidades de liderazgo haya aprendido por su experiencia vital, que el jefe, es el líder.

No. El jefe es el jefe.

Un líder es otra cosa.

Un día, en una reunión privada en la que el surrealismo desbordaba… se me fué la cabeza… y le dije al nuevo CEO algunas cosas que veía que había que cambiar ya y mejorar en su dirección, y obviamente no le gustó.

Me soltó:

  • Yo soy mejor CEO que tú.

Y le respondí.

  • No has venido a ser mejor CEO que yo, has venido a ser el mejor CEO posible para éste proyecto. Y discúlpame… que ni en 20 vidas serías mejor CEO que yo.

Y después pensé… vaya enfrentamiento inútil. A ver quién tiene el CEO más grande… me sentí estúpido.

Sobre todo porque yo ya sabía que le despedirían pronto… el consejo me había pedido que volviera como CEO unos días antes.

Asi que era un enfrentamiento completamente innecesario y que no nos hacía bien a ninguno.

Le despidieron, nos costó una pasta…

Acepté de nuevo el cargo pero con la condición de que en los próximos 3 meses me marcharía del proyecto.

Obviamente la falta de confianza en un consejo de administración que te quita y pone a su antojo es más que suficiente para abandonar un proyecto, por mucho que te guste y creas en el.

Al menos para mí.

Mi responsabilidad me obligó a quedarme ese tiempo mientras encontraban el CEO ideal pero con el compromiso de que me marcharía.

Aprendí mucho de esa época.

Pero si tuviera que aislar una cosa que te pudiera servir de todo esta experiencia, es que no importa lo bueno que seas, importa lo que “los que mandan” quieren o esperan de ti.

Y muchas veces no puedes dárselo.

Porque lo que esperan de uno, a veces, es un reflejo de lo que les falta a ellos y proyectan en ti.

Y eso, es imposible de satisfacer.

Asi que, un despido, no tiene por qué ser algo que te haga daño si entiendes el contexto y sabes valorar tu capacidad.

En mi caso. Ahora mirando ya desde la distancia.

He conseguido proyectos 100 veces mejores desde que abandoné ese, con equipos increíbles y oportunidades brutales que me han enseñado que ese tiempo conseguí mejorar y conseguí seguir creciendo.

Y eso es lo único que importa.

Aprender y seguir creciendo, independientemente de las dificultades que te surjan o te pongan en el camino y quedarte siempre con lo bueno.

Me quedo con todo lo que aprendí y además, que tuvimos uno de los socios e inversores que era un buen tipo.

Comenzamos siendo amigos y luego acabamos embarcados en este proyecto.

Un buen tipo, quizá con principios y valores diferentes a los míos, pero un buen tipo. Tenaz, incansable y persuasivo… seguro tendrán buenas oportunidades mientras él siga ahí.

Esto es parte de mi historia también.

Uno de los fracasos de mi carrera del que he aprendido mucho y me ha hecho ser quien soy hoy.

Porque mira.

Quién no fracase, a quien no le digan algún día: “ya no te queremos”… a quien no le digan NO 200 inversores… difícilmente podrá llegar a su mejor versión posible.

Hay 3 opciones:

Que te vaya bien

Que te vaya mal

Estar en el punto intermedio.

Ésta última es la muerte.

Las otras 2… las canciones que deberías disfrutar bailar en la vida.

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