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Miedo a levantarte

Hay una idea que surgió el otro día en el episodio 157 con Juan Clavijo, narrador de ciclismo en Eurosport y podcaster.

Una idea sobre la escasez.

Le pregunto a Juan qué cree que tendríamos que hacer mejor los que creamos contenido en el mundo de la bici.

Juan me responde que colaborar más.

Echa en falta que los diferentes creadores hagamos cosas juntos, algo muy habitual en otros deportes y en otros sectores.

Y yo le respondo que estoy de acuerdo.

Que yo invito a todo el mundo.

Pero que, curiosamente, a mí no me suelen invitar otros creadores del sector.

Y entonces pienso en la escasez.

En cómo la percepción de que algo es escaso cambia nuestra forma de comportarnos.

Cuando creemos que hay poco para repartir, protegemos lo que pensamos que hemos conseguido.

La audiencia.

Los clientes.

Los patrocinadores.

Los contactos.

Las oportunidades.

El reconocimiento.

Y también pienso en que parte de esto tiene que ver con la falta de oficio.

Porque cuando llevas suficientes años haciendo algo descubres una cosa bastante sencilla:

Compartir suele llevarte a aprender.

Aprender te obliga a mejorar.

Y mejorar es la única manera sostenible que conozco de seguir ganándote la atención, la confianza y el respeto de los demás.

No protegerlos.

Ganártelos otra vez.

Y aquí es donde la conversación deja de ir de podcasts y bicicletas.

Porque hacemos exactamente lo mismo en todas partes.

En el trabajo.

En los negocios.

En las amistades.

En las familias.

En las relaciones.

Cuando creemos que el crecimiento profesional es escaso, escondemos información.

Cuando creemos que el reconocimiento es escaso, nos cuesta celebrar el éxito ajeno.

Cuando creemos que las oportunidades son escasas, dejamos de conectar a unas personas con otras.

Cuando creemos que el cariño es escaso, aparece la competición incluso donde nunca debería haberla.

La escasez convierte al otro en una amenaza.

Y entonces empiezas a cerrar puertas para evitar que alguien entre sin darte cuenta de que tú también te estás quedando dentro.

Séneca escribió que no es pobre quien tiene poco, sino quien necesita cada vez más.

Hay otra forma de pobreza que se parece mucho a esa:

vivir convencido de que si otro gana, tú tienes que perder.

Porque cuando empiezas a proteger demasiado lo tuyo, dejas de dedicar energía a hacerlo mejor.

Y ahí, en mi opinión, es donde empiezas a perderlo.

No porque alguien venga a quitártelo.

Sino porque has empezado a competir mirando hacia los lados en lugar de seguir avanzando.

El oficio acaba enseñándote algo bastante liberador:

Siempre habrá alguien mejor.

Siempre aparecerá alguien nuevo.

Siempre habrá alguien dispuesto a hacer lo que haces tú.

Tu ventaja nunca puede ser que los demás no entren.

Tu ventaja tiene que ser seguir siendo suficientemente bueno como para que, aunque entren todos, todavía haya un sitio para ti.

Si para conservar tu silla necesitas impedir que alguien se siente en la mesa, el problema nunca fue la falta de sillas.

Era el miedo a levantarte.

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