Esa caminata...
Lo decía Hippócrates (padre de la medicina):
“La caminata es la mejor medicina para el hombre.”
Y después Thomas Edison:
“El médico del futuro no dará medicinas, sino que enseñará al hombre a cuidar su cuerpo, a mantener la dieta y a prevenir la enfermedad.”
Actividad / Medicina.
Mi amigo Carlos Mascías dice algo así como que en medicina les enseñan a preocuparse demasiado de los órganos de la gente y poco de los pacientes.
Nos ven como trozos.
Nos tratan como trozos.
Pero somos historias.
Historias hechas y por hacer.
Hace poco escuché a una tipa que representaba en un podcast a un grupo social de gente con mucho sobrepeso que decía algo así como que ella no tenía que preocuparse de su salud, que para eso estaban los médicos que les pagábamos todos.
Que tristeza.
Que locura.
Que borrachera de estupidez la que se puede ver hoy en día...
Antes también existía.
Cuando Edison o Hippócrates pululaban por el mundo también tenían que cruzarse con salvajes mentales.
Hoy te sientas en la taza a echar un... abres el móvil... y ahí están.
Todos en fila.
Todos en fila.
No se escape ninguno.
Pero vamos a eso de caminar.
A veces tan sobrevalorado y otras tan ignorado.
Creo que es una de las cosas que más me han ayudado en mi proceso de cambio vital.
Mi eje, en términos de actividad, ha sido el entrenamiento de fuerza y aeróbico, pero le he sumado la caminata diaria.
Una hora.
Una hora y media...
Después de cenar.
Después de comer.
Siempre después.
Hay algo mágico cuando comes bien y tienes actividad regular.
Que después de las comidas tienes energía, y quieres usarla.
Caminar después de comer regula el azúcar en sangre, mejora la digestión, eleva la energía y claridad mental...
Es buena cosa esa...
Mírate si después de comer te entra sueño o al revés... estás a tope.
Ahí tienes un buen cajón donde husmear.
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