El mejor restaurante que he probado en los últimos años.
El otro día fuimos a comer a un restaurante.
Una experiencia muy loca e intensa a muchos niveles.
Te cuento.
El restaurante es un concepto al rededor de la sostenibilidad, el daño que estamos haciendo al planeta y cómo la tecnología está transformando la sociedad.
Y mezcla la alta cocina a un precio razonable con momentos que impresionan y tocan más allá de los sentidos habituales.
Cualquier experiencia gastronómica medio elevada busca siempre tocar diferentes sentidos.
Pero éste sitio es diferente, es otra película.
Son 4 platos.
No los “17 o 20 momentos” que tantos restaurantes te zurran hoy en día por 400 palos... No, me niego, hay otra forma de hacer buena cocina.
Mira éste, sólo 4 platos. Y todos increíbles.
Vamos al lío que me desvío.
Primer plato, viene en una bolsa de basura, y es una bolsa de basura como la que cierras en tu casa... y te la plantan en la mesa.
La abren con cuidado y en una bandejita empiezan a depositar basura y entre ella, escarban y van rescatando cositas con las que comienzan a armar tu plato.
Parece basura, se ve como basura, pero obviamente no es basura. Está tan logrado que consigue encogerte el estómago un poquito antes de entender lo que está pasando.
Montan el plato de una forma increíble. Precioso.
Quitan una piel de limón que parece basura pero no, está arropando un pedacito de lubina que viene con algo que parece que está manchada, algo sucio... pero de nuevo no, es un ligero crocante…
Los olores empiezan a levantarse, terminan el plato con verduras que en la bolsa parecían restos pero en el plato son fantasía... retiran la bandeja “de basura” y alucinas con cada bocado.
El 2º plato.
Un pescado entero, perfectamente cocinado. Con 2 palitos que le atraviesan por el costado y desde donde haces palanca para separar los 2 lomos.
Los palitos parecen de plástico, parecen pajitas, pero son comestibles.
Y los 2 lomos del pescado, entre su carne, tienen pedacitos de colores que parecen plásticos… pero no. Son gelatinas, frutas y verduras liofilizadas con diferentes texturas… pero parecen plásticos. Esa es la idea.
El 3º plato es un plato grande con piedrecitas y tierra.
El plato tiene 3 franjas, las 2 de los extremos son de tierra, la del medio con piedras negras y entre ellas hay piedras blancas que escriben la palabra Río.
Sale humo de debajo de ellas. El calor te pega una bofetada con solo plantártelo delante.
No tienes ni idea de que hacer con él, hasta que te ponen a su lado una jaula cerrada donde hay una serie de despieces de ave apiñados: Muslitos, pechugitas…
Abres la jaula y con una pinzita pones las piezas sobre lo que fué un río pero se secó y en realidad hace de parrilla natural... se comienzan a cocinar hasta el gusto de cada uno y están increíbles. Con un ahumado brutal y unas hojas de plátano para llevarlos a la boca.
El 4º plato es la locura final.
El postre.
Viene un robot.
Sí, literalmente un robot viene a la mesa. Con un montón de mangueritas y ventanitas donde se ven frutas, siropes, especias, helados, muses…
Te saluda. Tiene un par de bracitos que manipulan los platos y una pantalla táctil.
Tu eliges si quieres un postre original y único y la IA que está en el robot lo crea para ti o si lo prefieres, puedes introducir tu perfil de alguna red social y el robot te armará un postre a medida para ti según lo que entiende que eres y te gusta….
Super loco. Con leds. Soniditos… Nunca repite 2 postres iguales.
Mi postre increíble. Metí mi perfil de Instagram y la clavó… el mejor postre que he probado nunca.
El de Pam… bueno, mejorable según ella.
4 experiencias salvajes. 4 conceptos y reflexiones.
1 sobre la cantidad de basura que desperdiciamos.
2 sobre la cantidad de plásticos que están acabando con las especies en el agua.
3 sobre el calentamiento global y el drama que están viviendo muchos animales.
4 sobre la ia y como va a poder hacer casi cualquier cosa mejor que nosotros.
Brutal….
Pero mentira.
Me lo he inventado todo.
No existe ese restaurante.
Sólo tenía 30 minutos para llegar a las 15:45 hoy... todo el día trabajando a corte de encendido y no llegaba al email asi que recurrí a algo que hacíamos en la Agencia creativa que tuvimos Pam y yo.
"Jugábamos a veces a: 30 minutos para inventar algo"
He mirado el reloj: 15:15...
Tengo 30 minutos
Invéntate algo.
¿El qué?
Un restaurante...
Pues me lo invento.
Por cierto, se llama 2:57
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