El mejor entrenamiento empezó ayer.
Odio los hábitos.
Mejor dicho. Odio el concepto de “hábito” tal y cómo se ha instaurado en nuestra vida moderna.
Parece que si no tienes 67 hábitos que practicas cada día eres un pringao.
Yo me bajé de esa barcucha hace tiempo.
Me costó nadar hasta la orilla, mi orilla, un poco más de la cuenta porque la marea estaba rara… pero así ha sido siempre mi vida… un poco rara.
Pero soy feliz viviendo entre esa rareza.
Soy feliz sacando mi machete para abrirme paso entre tanta rareza.
No me gustan los hábitos.
Pero menos me gusta esperar a tener fuerza de voluntad.
Y en cuanto a lo que entrenar se refiere. No acepto estar motivado o con ganas.
No.
Eso no funciona.
No va de hábitos la vaina.
Va de entender cómo el azul y el amarillo hacen verde, no rojo, verde.
Y el azul y amarillo que te traigo hoy tratan sobre el entrenamiento.
No me gusta seguir una planificación. Lo sabes.
Pero si me gusta prepararme el mañana.
El casco, las zapas, la ropa, el karoo cargado, los bidones limpios, la banda del pulsómetro localizada…
Todas las resistencias del mañana.

Porque el mejor entrenamiento empezó ayer.
En la comida que elegiste, el descanso y lo que te preparaste para el día siguiente.
¿Cómo no vas a ir al gimnasio si al despertar te pegas de morros con toda la bolsa del gimnasio preparada en el dormitorio?
¿Te vas a fallar a ti… tan pronto en el día?
¿Con lo que te quieres?
No, a ti no te fallas.
A otros… bueno, que se le va a hacer… todos son, somos y seremos víctimas del camino ajeno… ¿pero a uno?
No, a uno no se le falla.
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