El apagón.
Ayer se celebró el día del “Te lo dije”.
También el día del “Lo sabía”.
Miles de preparacionistas ayer tuvieron sus horas de gloria.
Nosotros nos encontramos a uno.
Salimos con las bicis, porque cuando parece que no se puede hacer mucho, suele ser cuando se puede hacer casi todo.
Y ahora que sacas eso de hacer "casi todo", mi nueva Topstone.
Ya no digo "la", digo "mi"... cuando Cannondale me la trajo no pensé que cambiaría mucho sobre el modelo anterior la verdad... pero que equivocado estaba, que fácil se adapta uno, como corre, qué cómoda es... en fin, ahora es "MI" porque cuando una de las bicis gana esa etiqueta... es que ocupa gran parte de mis decisiones de entreno y ruta.
Pero al lío que me desvío.
Íbamos con nuestras bicis, y en medio del monte nos encontramos a un tipo cargando una radio más grande que él, con más accesorios y cacharros de los que una tecnología así de simple habría soñado en su vida.
Caminando mientras ahuyentaba todo tipo de vida a su alrededor con los incómodos sonidos de frecuencias entrecortadas al mover la ruletita pasando de emisora en emisora.
Buscando información.
Deseando el caos.
Un tío listo.
Un tío preparado.
Aunque ahora, seguro, un tío un poco más triste.
Tío triste con la esperanza de volver a usar su radio, pero que ahora ha conseguido renovar energías para otra misión. Construir un búnker.
—Hoy los perros son felices —me dice Pam.
—Disfrutad perritos, mañana volveréis a ser parte del mobiliario en casa…—respondo.
—Qué bestia…
—Bueno, es que no había visto a tanta gente jugando con sus perros en el campo.
—Ya… qué mierda.
—Normalmente les ves por ahí, en medio del trámite de sacarles porque tienen que hacerlo… la mitad de ellos sin despegar su nariz de la pantalla, entrenando su chepa caminante… pero hoy, hoy se dan cuenta de lo divertido que podría ser tirarle un palo a su perro y que este se lo traiga.
Y así es.
La gente vive apollardada subiendo escalón a escalón en el viaje de la vida.
Y solo cuando pasa algo así, levantan la mirada más allá de la pantalla.
Vivimos encorvados.
Ya no sabemos caminar derechos.
El próximo paseo que hagas fíjate en esto: cuánta gente con la que te cruzas está entrenando ya su chepuda vejez por no dejar de mirar la "pantallita".
¿Merece la pena?
¿Eso no puede esperar?
Caminantes torcidos.
Caminantes inclinados.
Prestando pleitesía incondicional y constante a nuestro nuevo dios.
Nos han liberado unas horas...
¿Qué pasaría si nos liberasen días?
|
Esto es gratis hasta que tú decidas que deja de serlo. Apoya este proyecto aquí.
|
Sigue leyendo gratis
Este artículo es del archivo de La Obsesión Diaria. Suscríbete gratis y léelo entero, junto a todos los demás.
¿Ya estás suscrito? Abre cualquier email de La Obsesión Diaria y pulsa un enlace, o escribe tu email arriba: se abre todo al momento.
Esto es gratis hasta que tú decidas que deja de serlo.
Apoya este proyecto aquí.
Apoya La Obsesión Diaria