A favor de todas la bicis pero en contra de muchos usuarios.
Algunos emails molestan.
El otro día dije que algunos usuarios quizá debían entrenar un poco más en vez de buscar cada vez más potencia y más batería en sus bicis.
Y me cayeron palos.
La gente tiene la mecha corta.
Y algunos diría que la tienen mojada porque no se terminan de enterar.
Que yo no tengo nada contra las bicis eléctricas, todo lo contrario. Si tengo 3 bicis eléctricas...
Es más, no tengo nada contra ninguna bici. Ninguna, ninguna.
En todo caso si tengo algo sería contra algunos usuarios.
Pero como lo puedo tener contra algunos dueños de perros, padres de niños o conductores de automóviles.
Los perros, los niños, los coches o las bicis no tienen nunca la culpa.
Somos los que los manejamos, educamos, guiamos o dirigimos los que a veces nos merecemos un coscorrón.
Yo el primero.
Démosme a mí el primer palo y así ya podemos pasar al siguiente.
Por ejemplo, he estado 1 año fuera de forma. Bastante... con 10 kg por lo menos de más y montando -como mucho- 2 veces por semana.
Ya está. Palo dado.
No importa. Lo acepto.
Ahora estoy de puta madre. Me lo he currado mucho y he vuelto a mi punto.
Me acerco a mi mejor forma. He perdido mucho peso y llevo 3 meses cuidándome y entrenando como un monje.
Pero he estado un tiempo sin cuidarme lo suficiente asi que me merezco un palo.
¿Bien?
Ahora ya puedo darle al resto.
Cada vez me encuentro más gente con la que acabo coincidiendo en días de ruta y que, en mi opinión, no respetan lo suficiente este deporte.
Porque las e-bikes pueden ser herramientas increíbles, pero también pueden ser juguetes que desdibujen el ciclismo.
Depende de uno y su caso.
De nuevo, vivan las e-bikes. Soy un ciclista mil veces más feliz que cuando no existían, porque ahora tengo más juguetes con los que divertirme en la montaña. Y nuevas formas de entrenar.
Pero es una bici más.
No la alfombra que esconde las migas del salón.
Me encanta que una bici, sea eléctrica o no, saque a la gente de su casa a vivir aventuras. Pero no me gusta que la facilidad con la que la gente hoy se cuenta milongas para no entrenar o cuidarse porque ahora pueden tocar un botón.
El monte es para todos, este deporte también, pero el respeto a ambos es obligatorio si formas parte de el.
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