Vendedor de Unicornios.
El otro día me dijo un amigo y habitual inversor de nuestro sector:
- Véndeme una parte de tu proyecto.
- ¿De qué?
- De todo eso, del podcast, del email diario, de los vídeos… de todo eso que estáis haciendo tan de puta madre.
- Ni lo sueñes…
- Tío no seas cabrón, véndeme algo.
- No está en venta. Pam y yo no queremos más socios…
- Pero tú sabes qué tipo de socio soy.
- Lo sé… y la verdad, eres una rareza. Y te queremos mucho pero no queremos socios.
- Yo no molesto tío. Hazme una oferta que no puedas rechazar.
- Hahhaha, no, no… no está en venta.
- Ya hablaremos…
- Y al final el cabrón me tuvo días pensándolo…
Tenemos que invertir en más material, para seguir mejorando, una pasta… 5 o 10k por lo menos… y es una conversación habitual entre nosotros (Anto, Pam y yo)
- No inviertas todavía - me dice Anto - Llevas mucho invertido en pasta y en esfuerzo, recupera un poco.
- Quiero mejorar el producto - respondo yo…
- Haz lo que consideres - dice Pam - Ya sabes que yo a muerte con lo que tu creas que tenga que ser…
Y sé que lo voy a hacer… aunque es ilógico y un sin sentido, pero algunos negocios tienen que empezar así. Sin un plan de negocio que te ate y te remate… con ese sin sentido que parte de una obsesión tan auténtica, que llegas o llegas, no hay otra opción.
Por eso no quiero socios. Porque un socio… siempre acaba igual. Siempre acaba tocando el proyecto.
Pero si hablamos de rendimiento,
ya podríamos haber pasado de lejos el break even, ese momento en el que el ingreso supera la inversión en todo el universo Fred’s.
Pero nuestro estándar de colaboración es alto y eso es un handicap…
Principios que se convierten en handicaps.
Hándicaps que a veces pueden parecer obstáculos.
Henry Ford tenía una frase brutal: "Obstáculo es aquello que ves cuando apartas la vista de tu objetivo."
Os he hablado muchas veces de mi columna de los noes. De cuando yo salgo a buscar las marcas que me fliparían que formaran parte de esto y dicen NO.
Y yo las apunto, porque motiva, porque mide el trabajo y porque somos estoicos que leches…
Pero nunca os he hablado de lo grande que es la columna de las marcas que hemos dicho que no.
Mira, te cuento una que me ha pasado hace poco…
Se acerca una marca grande y me dice:
- Oye, queremos comprarte el Podcast.
- ¿Cómo?
- Sí, queremos que tu podcast se llame como nuestra marca, osea que sea nuestro pero sigas haciendo lo mismo…
- ui… disculpa… no, ni siquiera había pensado en esto. Lo veo muy muy complicado, pero déjame pensarlo, pero si se diera el caso, debería ser un acuerdo muy grande…
- Haznos una propuesta.
Me quedé unos días en el dilema…
¿Merece la pena?
¿Es cuestión de precio?
¿Mi proyecto vital está en venta?
Ya sabes eso que digo a veces, todo tiene un precio, sólo hay que aplicarle la variable momento.
Solo hace falta el cuchillo en el cuello adecuado para que aceptes un precio por algo que no venderías por principios en tu vida.
Cambia cuchillo en el cuello por inspección de hacienda, crisis absoluta, enfermedad, incendio de tu casa… yo que sé… cualquier desgracia que te lleve al límite.
Obviamente fui incapaz de hacer una propuesta para eso, porque no tengo ningún cuchillo pinchando lo suficientemente duro, pero a cambio hice una propuesta bastante interesante y en términos económicos… calderilla para ese nivel de marca.
Marca que factura decenas de millones, varias varias decenas de millones. Y que tendrá un presupuesto de marketing al menos del 10% de ésa facturación...
Y la respuesta:
- Nos encantaría, nos gusta mucho la propuesta, y lo que hacéis, pero es que no tenemos dinero.
A veces siento que vivo en una película de los Monty Python.
Como si fuera un vendedor de unicornios y el emperador del reino viniera a comprarme:
Vendedor: ¡Buen día, Majestad! Hoy tengo el honor de presentarle algo absolutamente único en todo el universo: ¡una auténtica cría de unicornio!
Emperador: ¡Increíble, asombroso! Siempre he querido tener un unicornio. ¿Puede hacer magia?
Vendedor: Oh, sí, Majestad. Puede purificar agua con un toque de su cuerno y su risa cura la melancolía.
Emperador: Perfecto, perfecto. Quiero diez. ¿Cuánto por ellos?
Vendedor: Me temo que solo tengo uno, y es extremadamente valioso. Serían...
Emperador (interrumpiendo): Sí, sí, entiendo. Pero veamos, quiero este unicornio. Lo necesito. Pero hay un pequeño detalle, quiero que me lo des gratis.
Vendedor: ¿Gratis, Majestad? Este es el último unicornio de su especie.
Emperador: Exactamente, por eso no deberías cobrarme. Pensar en la publicidad: “El emperador tiene un unicornio, cortesía de...” ¿Cómo te llamas?
Vendedor: Estee... Fred, Majestad.
Emperador: “Cortesía de Fred, el generoso vendedor de unicornios.” Piénsalo, Fred.
Vendedor (confundido): Pero, Majestad, ¿y qué hay de mi negocio? No puedo alimentar a mi familia con publicidad.
Emperador: Oh, claro, entiendo... Entonces, ¿qué tal si te doy algo a cambio? Un título nobiliario, ¿te gustaría ser duque?
Vendedor: Majestad, con todo respeto, un duque sin dinero sigue siendo pobre.
Emperador: Hmm, complicado, ¿verdad? Bueno, qué tal esto: te hago “Guardián Oficial del Unicornio Imperial”. Un trabajo de por vida, ¡cuidando tu propio unicornio!
Vendedor: Pero, entonces, ¿el unicornio seguiría siendo mío?
Emperador: No exactamente. Sería mío, pero podrías visitarlo todos los días.
Vendedor (rascándose la cabeza): Entonces, ¿me está ofreciendo un trabajo para cuidar al unicornio que le voy a regalar?
Emperador: Exactamente, ¡y piensa en el honor! No todos pueden decir que su jefe es el emperador.
Vendedor: ¿Y cobraría por ello?
Emperador: Últimamente estamos muy justos en la corte porque estoy haciendo muchas reformas, estamos instalando griferías de oro y barandillas de colmillo de elefantes albinos... pero no te preocupes, eso ya lo iremos viendo…
Vendedor: No sé… supongo que no todos los días se le da un unicornio a un emperador... ¿no?
Emperador (sonriendo): ¡Así se habla, Fred! Te prometo que será una historia que contarás a tus nietos. ¿Tenemos un trato?
Vendedor (suspirando): ¿Tengo otra opción Majestad?.
Emperador: ¡Eres un tio listo Fred! Te veré mañana en la corte, y recuerda: Fred, Guardián Oficial del Unicornio. ¡Qué día tan glorioso!
Mañana a las 15:45 te intento vender otro unicornio porque le mentí al Emperador, tenía 2….
A ver si al 2º le saco algo de pasta…
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