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Ni caso... es todo marketing.

Las pausas lo definen todo.

Los silencios, las miradas, los ruiditos…

Todo eso que pasa mientras prestas atención a lo que sea.

Yo hago “ruiditos” cuando mi atención se centra en alguien diciendo: “Eso es sólo marketing”.

"Sólo Marketing”.

En nuestra industria es un sendero habitual. Todo lo que no se quiere aceptar es marketing.

Pero el marketing, nos guste o no, es el arquitecto invisible de la cultura.

Así como la Paris-Roubaix nació para promocionar un velódromo y hoy parece una reliquia sagrada.

La estructura se repite en mil cosas.

Y lo mismo pasó con el Giro, el Tour, La Vuelta… y tantas, y tantas carreras.

  1. alguien crea una estrategia por interés,

  2. la repite hasta normalizarla,

  3. la sociedad la adopta emocionalmente,

  4. una generación después parece tradición.

Y pasa con todo.

Y ha pasado con todo.

Y pasará con todo.

Antes del siglo XX, De Beers, un conglomerado de minería lanzó una idea:

“Un diamante es para siempre”

Y esa idea incrustada en un anillo se convirtió en el sinónimo más relevante de compromiso vital hacia otra persona.

Y lo mismo con el zumo de naranja por la mañana o los cereales, el pelo del sobaco en las mujeres, el día del padre… todo, todo son estrategias de marketing de grandes marcas o industrias que transforman nuestro paso por el mundo.

Y en la mayoría de casos solo se quedan en cultura sin más (cultura que genera grandes beneficios a quienes consiguen que funcione), otras veces, en un viaje personal que supone una aventura que guardarás para siempre en tu vida.

Y es curioso pensar como a veces las mejores historias de nuestra vida quizá empezaron como una mentira comercial.

Mentiras que se convierten en verdades gigantescas.

Porque eso que tu vives y se guarda en ti, en tu bici… es una verdad indestructible.

Aunque.

Aunque.

Aunque…

El camino para llegar a ella lo iniciara una mentira comercial.

Así fué la Paris-Roubaix.

Una idea para promocionar una ciudad a la que nadie quería ir.

Construyendo un velódromo que fue un fiasco y nadie usaba ni a nadie le importaba…

Se inventaron una gesta.

Llegar allí en bici desde París.

Y lo convirtieron en algo que hoy en día es importante para muchos.

Pero a quienes lo inventaron… se la sudaba el ciclismo, se la sudaba la bici.

Querían conseguir que la gente conociera y fuera a Roubaix.

Es decir, querían prosperidad.

Querían vender.

Artimañas como tantas otras.

Aquí tienes mi artimaña en la Paris-Roubaix.

Por si te apetece verla:

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