Los 900 vatios que nadie quiere
Hoy te escribo desde Bolzano, en el norte de Italia.
Estamos aquí invitados por Q36.5, para entender mejor esa obsesión tan particular que tienen con la temperatura corporal.
Estos días, entre una serie de cosas interesantes, hay una especialmente chula... van a meternos en una cámara climática donde pueden recrear condiciones extremas de frío, calor y humedad mientras pedaleamos.
Y no nos meten sin más. Nos meten sobre una bici, en un rodillo y con una sesión preparada para subir un puerto del Tour de Francia.
Y mientras estemos en ello van a ir tocando botoncitos.
Lluvia on.
Nieve on.
Calor on.
Humedad...
O sea que hemos venido aquí para que nos hagan sufrir voluntariamente esa parte del ciclismo que menos nos gusta sufrir...
La que nos sacude el clima cuando se revuelve.
Y no sabes las ganas que tengo...
Pero antes, un dato que me ha volado la cabeza:
Cuando produces 300 vatios sobre la bicicleta, tu cuerpo puede estar generando otros 900 vatios en forma de calor.
Tú ves en la pantallita 300 vatios pero tu cuerpo está produciendo otros 900 de los que necesita deshacerse gestionando temperatura...
En una investigación de 2025, doce ciclistas pedalearon a 33 grados bajo distintas condiciones de humedad.
Con un 33% de humedad desarrollaron 260 vatios.
Con un 88%, apenas 222.
38 vatios desaparecidos sin cambiar la temperatura.
Porque el cuerpo no se refrigera sudando. Se refrigera evaporando el sudor.
Y entonces entiendes todo el margen de mejora que hay con la temperatura corporal y por qué una marca de ropa puede llegar a obsesionarse tanto con que el tejido, que entre otras cosas incorpora hilos de plata, sea lo más eficiente posible en la transferencia y gestión del calor.
Aunque lo interesante, en mi opinión, está en la contradicción.
Subiendo un puerto necesitas expulsar cantidades enormes de calor.
Cinco minutos después, bajando, necesitas conservarlo.
Y llevas exactamente la misma ropa, chalecos y apechusques aparte...
No sé qué descubriremos estos días dentro de esa cámara.
Pero tengo muchísimas ganas de entender hasta dónde puede llegar la ingeniería de un tejido.
Un tejido que normalmente elegimos por tendencia, por estilo, pero donde reside el verdadero valor de su diseño es en sus propiedades.
Porque llevamos décadas intentando reducir el coste de nuestros vatios.
Y resulta que hay una oportunidad si nos concentramos en la gestión de los cientos de vatios que "parece" que nos sobran.
Un abrazo desde Bolzano.
Fred
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