Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil.
Todos ocupamos un lugar en un sistema.
Por pequeño que este sea.
Un sistema que avanza al ritmo que sea y que se compone por una cantidad x de miembros.
Todos creando lo suyo y a su vez creando todos algo en equipo.
Yendo a algún lugar, físico o metafórico.
La vida puede ser vista como un viaje en bici.
Un bikepacking con desconocidos pronto te enseña esto.
Esto de: “la máxima velocidad a la que podemos avanzar es la máxima velocidad a la que pueda ir el integrante más lento”.
Yo nunca he querido ser el más lento.
El más débil.
El que condiciona el ritmo de los demás.
Y me cuesta entender la mente de los que viven cómodos en esa posición, cuando es una elección. No cuando es algo natural. Cuando es elegido.
Porque según el contexto todos podemos ser el eslabón más débil en lo que sea.
Pero cuando esa posición no es natural y es producto de tu indiferencia o desinterés en poder mejorar.
Eso no lo acepto.
No acepto la incompetencia estratégica.
Esa inutilidad que se trabaja con intención.
La intención en la desatención.
No.
Es un no gigante.
El otro día te decía que cuidarse es una forma de querer a los demás.
Hoy te digo que cuidarse también es una forma de integrarse y ser más útil y valioso en tu grupo. El que sea que has elegido.
No quieras ser el eslabón más débil.
No lo eligas.
Si sucede, si tiene que ser. Hazlo con energía y amabilidad.
Pero no lo eligas.
No hagas a otros cargar con tu falta de compromiso en ti.
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