Siempre estás en medio...
La mitad te animará en la salida.
La otra mitad en la meta.
Si tienes suerte claro está.
Si tienes suerte alguien te animará cuando decidas empezar algo, y si tienes más suerte y lo consigues seguramente otros o los mismos te felicitarán por haberlo conseguido.
Eso es lo fácil.
Enhorabuena por empezar, enhorabuena por conseguir.
Pero que pasa en el medio.
Que pasa cuando estás en ello, cuando te caes constantemente, cuando no hay ganas, ni fuerzas, ni hostias…
Cuando se te acaban las ideas, cuando no ves progreso, cuando no.
Ahí es cuando necesitas ese ánimo. Cuando te pierdes, cuando no sabes si deberías seguir intentándolo, si tiene sentido, si estás loco por creer en ello…
¡Qué hostias!, si ni siquiera sabemos a veces en que creemos.
O en qué creíamos cuando empezamos.
El medio.
Donde siempre estamos.
Donde el miedo tiene hambre.
Donde nadie empuja.
Donde la sombra desaparece.
Solos tú y tú.
Solos tú y tus “túes”…
Míralo de ésta forma.
Sea el camino que sea el que estés andando.
Todo depende de ese medio.
De que persistas en ese medio.
Cuando nadie empuja. Ni siquiera el viento.
Esa es la diferencia entre los que llegan y los que se quedan.
El foco en la inercia.
Porque la inercia genera equilibrio.
La inercia genera progreso.
La inercia te garantiza ganancias aunque sean marginales.
Focus en la inercia.
No esperes nada de nadie.
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