Ni caso... es todo marketing.
Las pausas lo definen todo.
Los silencios, las miradas, los ruiditos…
Todo eso que pasa mientras prestas atención a lo que sea.
Yo hago “ruiditos” cuando mi atención se centra en alguien diciendo: “Eso es sólo marketing”.
"Sólo Marketing”.
En nuestra industria es un sendero habitual. Todo lo que no se quiere aceptar es marketing.
Pero el marketing, nos guste o no, es el arquitecto invisible de la cultura.
Así como la Paris-Roubaix nació para promocionar un velódromo y hoy parece una reliquia sagrada.
La estructura se repite en mil cosas.
Y lo mismo pasó con el Giro, el Tour, La Vuelta… y tantas, y tantas carreras.
alguien crea una estrategia por interés,
la repite hasta normalizarla,
la sociedad la adopta emocionalmente,
una generación después parece tradición.
Y pasa con todo.
Y ha pasado con todo.
Y pasará con todo.
Antes del siglo XX, De Beers, un conglomerado de minería lanzó una idea:
“Un diamante es para siempre”
Y esa idea incrustada en un anillo se convirtió en el sinónimo más relevante de compromiso vital hacia otra persona.
Y lo mismo con el zumo de naranja por la mañana o los cereales, el pelo del sobaco en las mujeres, el día del padre… todo, todo son estrategias de marketing de grandes marcas o industrias que transforman nuestro paso por el mundo.
Y en la mayoría de casos solo se quedan en cultura sin más (cultura que genera grandes beneficios a quienes consiguen que funcione), otras veces, en un viaje personal que supone una aventura que guardarás para siempre en tu vida.
Y es curioso pensar como a veces las mejores historias de nuestra vida quizá empezaron como una mentira comercial.
Mentiras que se convierten en verdades gigantescas.
Porque eso que tu vives y se guarda en ti, en tu bici… es una verdad indestructible.
Aunque.
Aunque.
Aunque…
El camino para llegar a ella lo iniciara una mentira comercial.
Así fué la Paris-Roubaix.
Una idea para promocionar una ciudad a la que nadie quería ir.
Construyendo un velódromo que fue un fiasco y nadie usaba ni a nadie le importaba…
Se inventaron una gesta.
Llegar allí en bici desde París.
Y lo convirtieron en algo que hoy en día es importante para muchos.
Pero a quienes lo inventaron… se la sudaba el ciclismo, se la sudaba la bici.
Querían conseguir que la gente conociera y fuera a Roubaix.
Es decir, querían prosperidad.
Querían vender.
Artimañas como tantas otras.
Aquí tienes mi artimaña en la Paris-Roubaix.
Por si te apetece verla:
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