El Japo Vacilillas y un Pitch de 1 Millón de Euros.
Me operaría la cara si no me dejaran volver a venir a comer aquí…
Con esa pasión transmite Pam si un restaurante le ha gustado suficiente.
¿Has visto Seinfield? ¿Recuerdas el capítulo del sopero nazi?
- No Soup for you!
Una tienda de sopas, extremadamente buena, con una cola siempre que daba la vuelta a la manzana y que les tenía a los protagonistas locos.
El dueño, el sopero Nazi, era tan exigente con el comportamiento de sus clientes que como te pasaras lo más mínimo, como hicieras algo que no le gustase… te gritaba:
- No soup for you!
Y ya no podías volver a probar su sopa nunca más.
Y salías de la tienda con la cabeza baja mirando a los demás con envidia y deseo,
mientras estos te ignoraban para que el sopero nazi no sospechara que pudieran tener algo que ver contigo…
Nadie se la jugaba.
Incluso los protagonistas en una escena se ignoran entre sí cuando a uno de ellos le prohíben la sopa por preguntar de más…
- No sabemos quién es, no tenemos nada que ver con el! - dicen el resto…
Que cabrones…
cuando más los necesitas…
te abandonarán.
Y te quedarás sin sopa.
Pam, ayer me llevó a un restaurante de Yakitori en Madrid que es una maravilla.
Una jodida maravilla.
Que no os voy a decir el nombre porque si no, va ser imposible pillar mesa…
Y llegábamos tarde.
Y Pam llamó y dijo que llegaríamos 15 minutos tarde.
Y le dije a Pam:
- 15? estamos saliendo de casa ahora, pon más bien 40 minutos…
- Ala 40! si el google map’s dice 30…
Pam no conduce, por lo tanto, cree que ir de un sitio a otro supone solo el desplazamiento..
Yo le digo que cuando llegas a destino, no aparecen unos duendecillos mágicos que conviertan tu coche en miniatura con un hechizo mágico para que lo guardes en el bolsillo y que cuando salgas, por una propinilla, te lo lo devuelven a su estado y tamaño.
Y me llevo una colleja…
Merecida,
por vacilillas.
Mira, una idea de negocio interesante…
“Un Uber” de aparcadores de coche.
Pides tu aparcador en el sitio al que vas a comer, cenar, ver cantar a otros o lo que sea.
Y cuando llegas hay un tío con un peto con un número en el, para que sepas que es el tuyo.
Te recibe el coche, te lo lleva a aparcar a un parking cercano y vuelve a traerte las llaves y el ticket de parking…
Si es un evento largo, o porque no quieras que te interrumpan o no puedan entrar a devolverte las llaves porque sea un teatro por ejemplo, puedes seleccionar que vuelva a la hora X donde te recibió y te entregue el coche o sólo las llaves y el ticket y tu te vas a por tu coche.
Todo pensado,
Dame 1 millón y lo monto.
Y nos forramos.
Volvemos al tema que me quema.
Ya no insisto con aquello de aparcar…
abandoné esa batalla hace años.
Porque parezco un cenizo cuando insisto en ese extra-time
- Pam, que primero hay que llegar y después aparcar…
- Ya, pero igual encontramos sitio en la puerta!
Pam es la persona más optimista que conozco.
Siempre,
nunca hay punto malo.
No sale mierda de su boca,
nunca.
Siempre, nunca.
Aparcamos a tomar por culo y llegamos a las y 40.
Nos recibe el camarero:
- Me habéis engañado.
Hostia, que directo, pienso.
¿Nos habrá confundido con otros?
- Habéis hablado conmigo, me dijisteis 15 minutos tarde y son más de 30.
Pienso:
Ah, se refiere a eso…
¿en serio? tienes 5 mesas vacías… son casi las 3 y cierras cocina a las 4…
no parece mucho problema…
El camarero sonríe a medias.
Ah vale, lo pillo.
Es un poco vacilillas.
Me gustan los vacilillas.
- Sí disculpa… es que había mucho tráfico - sonríe Pam.
Nada de tráfico, todo del tirón.
Nos sentamos.
Dice Pam:
- No Soup for you!
Nos partimos el culo.
Empiezan a venir platos,
es una locura.
Todo está increíble.
Nos miramos una y otra vez, este sitio se va a convertir en un fijo en nuestras incursiones a Madrid.
Sin duda.
Vuelve el camarero:
- Está todo increíble! - le dice Pam
- Lo sabemos- contesta el Japo.
Joder que huevos tiene…
Le miro ya con una ceja arqueada por encima de la otra.
Igual te estás pasando de vacilillas colega…
- Antes comía aquí todo el tiempo - continúa el camarero con en el mismo tono.
Le gustaba tanto que de cliente fijo se convirtió en camarero vacilillas.
Así, de un día para otro.
Y se marcha a vacilar a otra mesa.
El decide que se ha terminado la conversación.
Pam dice:
- igual mejor no interactuemos más con él no?
- sí, mejor… no vaya a ser el Yakitori Nazi y no nos deje volver a entrar.
- Te imaginas? Me operaría toda la cara para volver a entrar..
- hahahah, estás como una puta cabra.
- Lo digo de verdad.
- te creo.
- Porque un bigote de coña no sería suficiente
- No, y en mi caso una nariz con gafas de coña tampoco, porque no me cabría encima de la mía...
- Cambio de cara
- sí,
- y de voz.
- por si acaso…
- y de nombre...
Una nueva vida a cambio de poder volver a un buen restaurante.
Me parece justo.
Ese Japo,
el camarero,
hubiera pasado completamente desapercibido en nuestras vidas si hubiera sido un camarero normal.
Formal, educado, sin más.
Normal.
Olvidado.
Indiferente.
Pero con sus vacilillas, además de marcar un recuerdo en el cliente, transmite algo mucho más poderoso.
Seguridad, confianza en el trabajo, en lo que hacen.
Autoridad.
Qué importante es transmitir autoridad en cualquier cosa que hagas.
Qué rápido ganas validación cuando transmites autoridad.
Y que poco le gusta a la gente la inseguridad, la duda, el temblequeo…
Es natural, es animal.
Nadie sigue a un pelele que tiembla.
La autoridad valida y la validación reduce el proceso de interpretación.
Si no piensas no juzgas.
No hay duda, no hay nada que comentar.
Es así, es de esa manera.
Validado.
Una de las mejores formas de vender cualquier cosa,
tu talento, tu idea, tu mentira, lo que sea…
Es reducir al máximo el proceso de validación del vendedor y el tiempo de etiquetado en la cabeza del comprador.
La parte racional.
Dicen que solo se compra por emoción, no no es tan fácil.
Es más complejo.
Se compra por emoción pero se paga con la razón.
La razón necesita validación.
Se tiene que etiquetar en la cabeza del comprador que aquello es bueno,
que es una buena idea.
Y después, ya se encarga la emoción de sacarte a bailar,
echarte algo en la bebida y quitarte la pasta.
¿Qué es lo último que has comprado y cómo lo compraste?
¿Recuerdas?
Yo, lo último que he comprado es un dispositivo para seguir mejorando el Podcast y empezar a meter directos como el que hicimos antes de ayer.
Se llama Yolobox Ultra.
Lo compré porque:
Primero,
Rober, el compi y socio de Oscar Pujol se convirtió en la Autoridad para mí de esa transacción. Sabe un huevo. Y me dijo, necesitas eso.
Lo hizo muy rápido, sin dejarme tiempo a la interpretación.
Etiqueta marcada en mi cabeza.
Conclusión racional guardada: Invertir en ese dispositivo es una buena idea.
El precio (mucho o poco) ya da igual,
la razón ahora sólo mira "el cómo pagarlo".
Segundo,
comencé a indagar en todo lo nuevo que podría hacer,
el nuevo mundo que me abría esa compra,
un nuevo mundo colorido y azucarado.
Y todo eso, está dominado por las emociones.
Me gaste 1500 pavos.
Para todo aquello que Validé primero y me emocionó después.
Mañana pringamos juntos,
a las 15:45.
Aunque sea Domingo.
Y os leo a todos, aunque no os responda.
A todos.
Porque ya no puedo responderos a todos.
Y si no puedo a todos, no lo hago con ninguno.
Porque ayer llegaron 156 respuestas.
Y cada vez llegan más.
Y leerlas me gusta,
me encanta,
pero si respondo…
No habría ido a ese Japo tan increíble,
y no os habría traído hoy esta historia.
Os leo a todos,
A Fran que no sabía que estos emails eran nuestros hasta que leyó en uno el nombre de Pam y se dió cuenta que éramos nosotros y flipó.
A Isa que siempre nos apoya, desde el principio…
A JuanJo que responde cada día, como norma, como hábito.
A Rodrigo, que se molestó porque son más de 2:57 minutos… porque le había engañado al estilo Japo vacilillas.
A Jorge que se levanta en San Francisco y lee ésto a primera hora del día allí.
A Mariano que siempre tiene un cariño al estilo mexicano que enviar.
A Jose Rafael, que ayer dijo “Dick in vinegar”!
A Maria, a Jorge, a Raúl, a Antonio, a Carlos, a Jose Luís, a Nacho, a Julián…
A todos, os leo.
A todas.
Mañana nos pringamos,
y comemos con las manos.
Mojamos pan en la salsa,
y nos reímos mientras tanto.
Que alguien traiga el vino,
Y otro los delantales…
Mañana nos mojamos.
Yo me encargo de la música,
y si alguno se acerca y pincha regetón...
le corto las manos,
y las tiramos al fuego.
Eso no te lo paso,
otra cosa puede...
pero eso...
Va a ser un homenaje guapo.
Porque somos un huevo,
y la mayoría gente que te cagas.
Y si se nos cuela algún capullo que quiera pinchar regetón...
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