¿Cuándo llegamos?
El que no haya preguntado esto de pequeño no ha sido niño.
Incluso yo… que mi padre siempre ha dicho que nací adulto, lo preguntaba a cada rato.
Adulto impaciente.
Adulto insatisfecho.
El otro día me dijo uno: “Que cansino eres, todo para ti es un proyecto”
Y yo miro por la ventana buscando respuestas.
Sí, casi todo en mi vida es un proyecto, algo que quiero mejorar o crear o ayudar a que otros creen…
Supongo que lo de “cansino” vendría provocado por una necesidad de reacción ante lo que a su percepción es un modo de agresión contra una vida sin más, una vida sin curvas.
A mi me gustan las curvas, y las piedras, y las raíces, y los cortados… y todo lo que me haga mover el culo para no caerme de la bici.
Entiendo que una vida así no es para todos, pero me genera mucha curiosidad como esos “no todos” imaginan el futuro, su futuro.
La vida trata de sentarse de vez en cuando a contemplar y pensar, mientras trabajas en lo que vendrá o quieres que venga.
- Pues yo quiero una vida tranquila.
- Eso no existe. Eso es una trampa.
- ¡Pues me iré a vivir a una cabaña en el bosque!
- Y entonces tendrás que trabajar para anticiparte al invierno, mejorar el cobertizo, acumular alimento, cazar y pescar, proteger tus animales, tu huerto…
- Anticiparme…
- Sí. La vida tranquila es un invento para hacer pequeñas tus expectativas.
Cuando eres niño la ecuación es simple.
De A a B.
B es la meta, es el final.
Y quieres llegar cuanto antes.
Empiezas en A, vas dando pasitos y llegas a B. Premio. Recompensa. Muy bien chaval a por otra.
De adulto B desaparece, deja de existir, las metas se transforman en objetivos dinámicos, creando un juego donde siempre hay algo más y donde la meta es el día a día.
Una sensación tan estimulante como desconcertante y abrumadora.
Es fácil olvidar por qué empezaste y qué era eso que cargabas y a dónde lo llevabas…
¿Cuándo llegamos?
Así empezaba una de las clases cuando trabajaba en la universidad.
Era un MBA de emprendimiento asi que todos los que allí estaban venían por lo mismo.
Y yo… les pinchaba el globito desde el primer día.
No sabemos cuándo llegaremos hasta que lleguemos y hagamos las cuentas.
Pero sabemos hacia dónde vamos.
Cómo dijo Lewis Carroll: “Si no sabes hacia donde te diriges, cualquier camino te llevará allí”
Estos días, con el fin de las vacaciones las sesiones de diseño estratégico se han disparado y estoy conociendo muchos proyectos chulos.
Es curioso que la gran mayoría que se sienten atascados o perdidos, nunca les faltan ganas, valentía o esfuerzo.
Casi siempre me buscan por falta de foco y estrategia en un tiempo en el que tantas opciones les han puesto sin querer a dar vueltas como una rumba en un garaje repleto de columnas.
Y como vivimos en un mundo donde gusta juzgar a quien lo intenta y se atasca, para quitarle valor, capacidad y hacerle pequeñito...
Muchos acaban dudando demasiado... aunque lo tengan casi ahí...
Te puedo asegurar que los que dedicamos gran parte de nuestro tiempo e intención en ayudar a proyectos ajenos lo que vemos es gente muy capaz, con muchas ganas y sobre todo, muy valientes.
Sólo les falta ajustar la visión, entender el ecosistema competitivo y aprender a gestionar los recursos bien.
Limpiar ideas viejas, crear nuevas y aislarse de la contaminación.
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