¿Cómo se lo dirías tú?
Creo que hay algo que me ha acompañado toda la vida.
La obsesión por activar ideas en las cabezas ajenas.
Cómo.
Decir.
Algo.
Lo que sea.
Me interesa mucho como mentalmente una misma idea puede instalarse en un cerebro o no. En función del cómo.
Del cómo aparece esa idea.
De lo receptivo que estés.
Conseguir activar ideas en los demás es magia.
Ideas buenas… no me seas…
Hay una cosa que debes evitar siempre que intentas negociar lo que sea, y es activar “la amígdala” en el otro.
Porque la amígdala es la que se encarga de 3 cosas:
Lucha.
Huída.
Bloqueo.
Y eso no consigue nada.
Hay que ser muy torpe para caer en esas cagadas.
Y la mejor forma de no ser torpe es el camino de la curiosidad.
Yo lo hago así:
Dibujo una imagen en la cabeza ajena donde simbolizo lo que sea.
Si veo que interesa y se despierta la curiosidad arranco.
Si esa curiosidad aumenta busco interacciones que generen preguntas auténticas.
Porque si te preguntan con interés real, la idea empieza a cobrar forma en el crebro ajeno.
Es una técnica muy simple, pero altamente eficaz y jodida de implementar bien.
Pero recuerda: Dibuja una escena que genere interés, despierta la curiosidad y aliméntala para que te haga preguntas…. ahí le tienes.
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