Villa Gurú denmedio.
Había un pueblo,
donde habitaba un Gurú.
Y cada día a la misma hora, subía a un altar que él mismo se había construído y predicaba su mensaje.
Siempre el mismo mensaje.
- ¡Si me seguís os cambiaré la vida! ¡Os convertiré en millonarios, lo conseguiréis todo, no hay límites!
Y cada día repetía, y repetía sus cuentos.
Sus promesas de cambio de vida y sus cuentos de enriquecimiento sin límites.
La audiencia cada día crecía y crecía…
hasta que un día,
todo el pueblo estaba allí,
delante del Gurú,
atendiendo hipnotizados,
mirándole en silencio cómo desde su altar de madera, con la palabra Gurú escrita en el, repetía y repetía los mismos cuentos.
Y el Gurú supo en ese momento que había cumplido su sueño,
que lo había conseguido… todo lo que veía era suyo…
Y decidió cambiar el nombre al pueblo.
Desde ese día,
se llamaría Villa Gurú denmedio.
Y todos vitorearon borrachos de júbilo...
Sus problemas desaparecerían,
sus vidas cambiarían y todos serían ricos.
Pasaron los días y las promesas siguieron repitiéndose:
¡Os cambiaré la vida! ¡si hacéis lo que yo os diga seréis millonarios!.
Y todos gritaban, aplaudían y levantaban los brazos.
Corrió el tiempo,
y sin motivo aparente,
el Gurú se fijó que su audiencia estaba bajando,
ya no había tantos.
Tantos como antes.
Tantos como siempre.
Pero él siguió como siempre,
cada día... a la misma hora, con el mismo mensaje.
Hasta que... ya no pudo soportarlo más.
No creía lo que veían sus ojos...
era capaz de contar uno a uno a su público,
algo impensable antes.
Y se preocupó,
se preocupó mucho.
Tanto que una tarde al volver de su discurso salió de su palacio, donde durante meses le habían estado trayendo regalos y joyas y dinero a cambio de esas promesas, a dar un paseo e investigar.
Se disfrazó para pasar desapercibido y caminó por las calles de Villa Gurú denmedio.
Y que sorpresa la suya,
que encontró en cada calle a otros gurús, subidos en cajas, diciendo las mismas cosas que el había estado diciendo durante meses.
El Gurú entró en pánico y corrió y corrió por las calles.
Recorrió todo el pueblo,
y en cada esquina, en cada plaza, había otro.
Unos gritando:
- Os cambiaré la vida!
Otros gritando:
- Os haréis ricos!
Corrió a su palacio, entró asustado y cerró con fuerza la puerta dejándose caer de espaldas sobre ella.
Congelado durante minutos..
Cayendo sentado sobre el suelo,
abatido…
Porque entendió que durante todo este tiempo, lo que les había enseñado había sido a convertirse en cambiavidas y vendehumos.
Sus promesas eran tan poderosas y funcionaban tan bien que nunca pensó que tuviera que haber algo más que eso, algo más que promesas.
No parecía necesario tener más…
Y el pueblo,
aprendió a inventar y vender sus propias promesas.
Esa misma noche el Gurú aterrorizado se escapó por la noche de su palacio sin que le vieran sus sirvientes.
Subió a su bici con todo el dinero que pudo amarrar y se fué para no volver jamás.
(una mierda de bici por cierto… tanto acumular y acumular engañando a la gente para luego montar en una puta mierda de hierraco…)
Y desapareció en la noche…
El pueblo amaneció y los pocos que aún quedaban fieles acudieron a su cita diaria,
pero ese día el gurú no estaba.
Se juntó todo el pueblo.
Fueron a buscarle a palacio,
pero se había marchado.
En ausencia de su líder el pueblo entró en crisis,
hubo peleas, desesperanza y disturbios durante días…
Se habían dividido:
Entre los que defendían que había que vender cambios de vida, y los que defendían que había que vender el hacerse rico.
Los días de peleas pasaron… y la ira se calmó.
Lo suficiente para juntarse ambos bandos y ponerse de acuerdo en algo:
Debían separar el pueblo aprovechando el río que lo cruzaba.
A un lado los cambiaVidas.
Al otro,
los Vendehumos.
Y cada 22 de Febrero,
a la misma hora...
Bajan a la orilla del pueblo.
A un lado unos y al otro lado otros,
a lanzarse piedras durante 5 horas...
El tiempo que duraba el discurso de su añorado Gurú.
Cada 22 de Febrero.
Celebrando así el día que su pueblo cambió de nombre,
esperando con ansia la promesa de que algún día volverá y les unirá de nuevo, para siempre.
Con las promesas de antes,
o con promesas nuevas…
eso no importa.
Gurús, Vendehumos y Cambiavidas…
Los hay muy buenos,
que venden una promesa, que te lleva a otra promesa, que compras y te lleva a otra promesa, que luego te abre la posibilidad de comprar otra promesa…
¿Y sabes qué?, que lo que estás aprendiendo si entras en ese sistema es el juego de vender promesas encadenadas.
Eso es lo que puedes aprender con los buenos vende-promesas.
El negocio de las promesas.
Pero tu no quieres aprender a vender promesas.
En la vida real, en el sistema real, quieres conseguir las cosas… no el blister que las contiene.
¿Y sabes también qué?, que mucho de lo que tendrás que hacer para conseguirlas, no podrás hacerlo tú.
Porque por mucha voluntad que tengas no te vas a convertir en todo lo que no eres y no puedes aprender todo lo que no sabes.
Y la promesa de adquirir habilidades indefinidamente para llegar al siguiente nivel es una promesa-ratonera.
Aprende, sí.
Pero aprende también que la mayoría de lo que necesitas aprender lo aprenderás en el camino, a tu manera, con tus errores y tus más errores.
Hoy mi mensaje es para los que estáis en camino o buscando el camino...
Encontrad los compañeros adecuados.
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