Un Cara-Cangrejo, y las 2 vidas que gastamos en aquel viaje.
¿Qué se supone que tengo que aprender de esto?
Empieza por ahí la próxima vez que te veas en una situación que te haga sentir que has vuelto a caer en un drama que te resulte familiar,
eso que rasca o te amenaza.
Carl Gustav Jung decía:
Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido.
Lo que niegas te somete,
lo que aceptas te transforma.
¿Y por qué vuelve?
Porque tu comportamiento no cambia.
Y cuando vuelve el dolor por cómo somos y cómo no somos,
lo recibimos,
lo superamos,
pasa el tiempo…
pero no aprendemos.
Y si no cambiamos nada…
Otra batalla superada.
Otra cicatriz nueva que lucir.
Soy un guerrero.
Soy un superviviente.
Pero un día,
ese mismo drama vuelve,
con otro color, con otra cara,
con otros andares…
pero es el mismo dramita,
y tu pones cara de cangrejo.
De cangrejo superviviente.
De canfredo guerrero.
Porque tu comportamiento no cambió.
Y has seguido haciendo lo mismo…
sigues sin aprender aquello que tienes que aprender.
Y mientras sigas así,
eso formará parte de tu vida porque es como haces o deshaces las cosas.
Volverá una y otra vez.
Hasta que aprendas, hasta que cambies.
La era del Crecimiento Personal.
La era del yo te ayudo a convertirte en un semi-dios.
Bebe de mi chorro,
fuente de sabiduría eterna.
Está por todas partes:
prueba mi sirope o sigue siendo un mierda.
O mejoras o mierdeas.
Siempre hay algo en lo que somos malos,
bien, aceptado,
pero siempre hay alguien para recordárnoslo…
Eso que somos…. no es suficiente,
hay que mejorar,
compra mi sirope.
Agotador.
Introspección constante,
análisis de tu comportamiento a diario…
Me borro.
Me quedo como estoy,
me vale así.
7.2 sobre 10?
valiendo…
No apostaba ni que iba a llegar a un 6…
Que otro use mi asiento,
yo me bajo en la próxima parada.
Vuelve aquí desgraciado…
Aquí no vendemos sirope.
Aquí nos remangamos cara-cangrejo…
Aquí te cuento lo que yo aprendo y aprenderé con la práctica,
pero sobre todo lo que aprendí y cómo lo aprendí.
Te cuento una historia,
Una buena…
Que son 2 en realidad.
Una vez, en un viaje en Providencia,
una pequeña isla en el archipiélago de San Andrés en el Caribe Colombiano.
Una isla criolla…
Casi palmamos subiendo al Pico…
Habíamos “contratado” a un guía local para hacer aventuras fuera del menú del día para guiris.
Subir al pico,
se puede subir por un camino en buenas condiciones…
¿Pero nosotros?
Hagamos algo más emocionante…
Nosotros subimos por la selva, de liana en liana, pisando cangrejos, abriéndonos camino con un cuchillo gigante…
Nunca vi tantos cangrejos aplastados como en ese viaje.
Y casi arriba, cuando el paso era cada vez más vertical, la selva nos lanzó un directo a la cara que casi le saca un ojo a Pam y acabamos volando acantilado abajo.
No paso nada… un resbalón, un agarrón in extremis a una ramilla, los 2 colgando en el último segundo.
Todo controlado.
Somos nuestros propios dobles de acción.
Sabemos lo que nos hacemos….
Bien,
a salvo... pero nada aprendido.
Vamos a por la siguiente.
Una vez, en un viaje a Providencia,
una pequeña isla en el archipiélago de San Andrés en el Caribe Colombiano.
Una isla criolla…
Casi palmamos yendo a ver una pelea de gallos.
Sí, repito,
porque ese viaje casi palmamos 2 veces.
Demasiado jóvenes para aprender.
Al día siguiente de subir al pico nos dice el guía:
- ¿Queréis ver algo auténtico?
- Claro!
- Os llevo esta noche a la gallera.
- Suena bien.
Suena bien peligroso cabrón…
Casi palmas en el pico y ahora nos vamos a jugar la segunda moneda en la gallera…
Todo bien, tranquilo..
Fuimos,
únicos blancos en la gallera.
Todos nos miran.
Comienza el chow.
Las 2 bandas rivales, sí, bandas,
sacan sus gallos.
Los exhiben,
sacan los maletines con los diferentes puñales,
y eligen qué armas les van a poner a sus gallos.
Todo bien,
todo emocionante.
Los puñales brillan... lo que se viene no sé si queremos verlo...
No sabíamos que mierda estábamos viendo.
No sabíamos en qué mierda nos habíamos metido.
No habíamos aprendido nada sobre decir sí o decir, quizá otro día.
Y el drama sonrió de nuevo con su cara de cangrejo...
Las mafias empezaron a discutir,
algo no parecía ir bien,
en algo no estaban de acuerdo…
La discusión comenzó a elevarse y uno sacó un cuchillo gigante.
El otro gritó algo.
el primero le cortó el brazo delante de todos,
literal.
Cayó al suelo.
El brazo.
Hizo chof.
Chorro de sangre,
corte limpio.
Gritos,
todo el mundo como loco.
Aparecieron las armas, empezaron a sonar disparos.
Agarré de la mano a Pam,
visión de túnel,
una misión,
salir de allí ya.
Rush de adrenalina.
Empujamos, agachamos la cabeza, codazos y salimos de la gallera...
Únicos blancos en un mar de negrazos gigantes.
más disparos…
Cientos de personas gritando, peleas, gente corriendo…
gente agachándose detrás de los coches,
gente apuntando.
Coches picando ruedas en huída, otros llegando derrapando como refuerzos..
10 minutos que pasan como 10 segundos.
Encuentro nuestra moto.
La han tirado al suelo.
La levanto, la arranco.
Estoy temblando, Pam también.
Nos subimos a ella, acelero a tope,
la rueda patina,
se cruza la moto,
comienza la huída.
Si en algún momento tengo que demostrar que sé ir en moto, es en ese momento.
Es una isla militar.
Empiezan a aparecer coches militares,
cortando calles,
nos cortan el paso,
saltamos la mediana,
atravesamos una finca,
las ruedas deslizan sobre el césped
encontramos otra carretera,
seguimos huyendo....
No hemos hecho nada,
pero no queremos que nos cojan.
No sabemos que puede pasar si nos cogen...
A todo lo que da la moto, una 125cc.
A todo lo que da.
Agachados,
Le aprieto bien el brazo a Pam en mi estómago,
haz fuerza, por lo que más quieras no te sueltes...
escuchando disparos en la lejanía…
A todo lo que da la moto....
Patinando en cada curva con cada cangrejo aplastado en la carretera que pisamos…
Tumbando,
agachados,
derrapando…
Los disparos cada vez se escuchan más lejos…
Llegamos a una playa,
al bar de Roland.
Un rastafari muy conocido.
Búscalo en google: Roland Bar, Providencia.
Estábamos a salvo.
Por segunda vez.
Se lo contamos...
Roland dice:
¿Estáis locos?
¿Cómo se os ocurre ir allí?
Las balas silbaron cerca esa noche…
Los cuchillos se mancharon cerca esa noche…
Aún pasaron más cosas esa noche,
pero lo dejaré para otro momento.
Porque pasaron más cosas…
Que ni te imaginas.
Aprende cojones.
O aprendes,
o te quedarás con cara de cangrejo el resto de tu vida.
Doble de acción de palo!
Cara-cangrejo que anda de costado.
¿Sabes cómo hacer para aprender aquello que tienes que cambiar cuando el drama vuelva?
Con la escalera de los 5 porqués.
1 ¿Por qué fuimos a la gallera?
Porque nos parecía divertido, algo “exótico que vivir”.
2 ¿Por qué os pareció divertido?
Porque no teníamos ni idea de lo que significa una gallera, y menos en un lugar así.
3 ¿Porque no sabíais como era?
Porque nos faltaba información.
4 ¿Por qué os faltaba información?
Porque no preguntamos.
5 ¿Por qué no preguntásteis?
Porque nos invitaron y no supimos decir que no…
Cojones, aprende a decir que no.
NO.
No me interesa,
No cuentes conmigo.
No quiero saber nada de eso, de tí, de lo que sea que me vendes.
Tu sirope apesta.
Fuera.
NO.
Y por seguir con el NO.
No hace falta que vayas a una gallera en el caribe a jugarte la vida para aprender a decir que no, no te lo recomiendo...
puedes simplemente utilizar la cadena de 5 porqués para llegar al punto de origen que tienes que arreglar.
En el que tienes que actuar.
Aquello que vuelve,
aquello que rasca,
suele tener un 5º porqué bastante tonto.
A veces es organizarte mejor,
a veces es ponerte una alarma,
a veces es hacer un double check,
a veces,
es decir que no.
Y dejar a los cangrejos que crucen la carretera,
donde sea que crean que van.
Mañana te busco a las 15:45
en la playa de Roland Bar,
Con un cocktail y un… imagina que viene con el cocktail…
Imagina que te puede dar un Rastafari cuando le pides una bebida…
Estaré en la hamaca,
la que cuelga de la palmera inclinada,
huyendo tumbado.
La que tiene el neumático colgando como columpio no, la otra palmera.
Mirando las estrellas.
Pensando en lo vivo que te sientes cuando las cosas que tienes que contar, casi no las cuentas.
Acariciando a un perro que pasaba por allí,
pensando en quién será el próximo que se llevará un NO directo a la yugular.
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