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Hoy hablamos de productividad.

Porque hoy me he preguntado… ¿cómo estará siendo el lunes para los que hayan tenido una semana santa larga, variada y relajada?

Porque nosotros hemos trabajado todos los días… todos.

Y al llegar el lunes, nos provoca un sentimiento de… “pues igual hubiera estado bien desconectar un poco no?”…

¿Quien tiene más síndrome de lunes, el que ha desconectado 4 días, o el que los ha trabajado...? mmmmm

Pero los clientes esperan entregas, y las entregas en nuestra profesión son intensas. Necesitan tiempo, y vueltas y más vueltas. Y toca contar con el tiempo venga formateado en modo festivo o no…

Y si eso le sumas proyectos paralelos como La Obsesión Ciclista de Fred… no paras, literalmente.

Luego nos véis de bikepacking y alguno afila el florete y ataca:

  • Que suerte… vaya un vividor…

Y no te digo lo que le respondería…

Porque para llegar a poder hacer los viajes que hacemos, quizá, ese que pincha con sus palabras no aguantaría ni medio día normal nuestro.

Pero bueno, en lo de vividor no se equivoca. Eso lo soy un rato.

Debería crear una empresa para formar vividores.

Vividores como yo entiendo el concepto… obvio.

La llamaría: “El Vivedero”

Y sería algo así como un hub de creación de vividores…

Un huerto de buenos tomates... que sepan a tomate.

Igual busco inversión y me lanzo…

Bueno al pisto que me despisto.

David Allen, el autor de la frase del título de éste email tiene un método de gestión del tiempo que cuenta en su libro Getting Things Done: The Art of Stress-Free Productivity. El método se llama GTD.

Y consiste en esto:

  1. Capturar: Todo lo que requiere tu atención se anota en un lugar confiable, fuera de tu cabeza. Esto incluye tareas, ideas, proyectos, etc.
  2. Aclarar: Examina lo que has capturado y decide qué hacer con ello. Si es accionable, determina el próximo paso específico; si no, archívalo, tíralo o apúntalo para más adelante.
  3. Organizar: Asigna a cada acción o ítem un lugar en tu sistema: una lista de tareas, un calendario, o un sistema de archivos para referencias futuras.
  4. Reflexionar: Revisa tu sistema regularmente para asegurarte de que todo está actualizado y refleja tus prioridades actuales. Esto te ayuda a mantener el control y la claridad sobre tus compromisos.
  5. Ejecutar: Selecciona qué hacer en cualquier momento basándote en tu contexto, tiempo disponible, energía y prioridades. Esto te ayuda a ser más efectivo y a reducir la sensación de abrumamiento.

Este enfoque se supone que te permite manejar tus tareas y responsabilidades con menos estrés, manteniendo tu mente clara para enfocarte en el momento presente.

Porque el villano de la productividad es el estrés… en realidad es el villano de todo.

Y el miedo es uno de los que accionan esto.

Hoy me comentaba un Fundador en una conversación privada, hablando de un email pasado, que si hubiera leído ese email hace unos meses, no hubiera tomado una decisión clave en su vida.

Básicamente estaba a punto de emprender una idea (bastante buena por cierto) y en su trabajo, cuando estaba a punto de marcharse, consiguieron retenerlo. Consiguieron que siguiera construyendo el sueño de otro.

El dice que seguramente el causante de la decisión fue el miedo.

Ese maldito ioputa…

Pero mira, si te sirve de algo, yo vivo con miedo todo el tiempo.

Lo que pasa es que le tengo ya tan presente que el pobre no mete ya ni medio sustitos…

Al miedo hay que darle, en el mentón, desde abajo.

Sobre todo cuando se interpone en grandes decisiones. Esas que pueden cambiar tu vida.

Ahí hay que darle, darle duro.

David Allen dice:

"La productividad es directamente proporcional a tu capacidad de relajarte. Solo cuando tu mente está clara y tus pensamientos están organizados puedes lograr una productividad efectiva y liberar tu capacidad creativa.”

El miedo no te va a dejar relajarte. Te va a tener en guardia todo el tiempo, y así no subes ese puerto…

¿No te ha pasado alguna vez, en alguna competición que la adrenalina te ha comido tanto que el cuerpo no funciona?

Me pasó en mi primera Avalancha. El miedo me comió tanto, me generó tanto estrés en la salida que la adrenalina consumió todo mi cuerpo… no había forma, el cuerpo no respondía.

Pues algo menos extremo pasa cuando en el día a día, esquivamos el miedo para seguir calentitos y a resguardo.

Cada uno debe afrontar el suyo como vea… pero yo te cuento que cuando tengo miedo, ataco.

Algo me dice que esa es la trialera buena.

Y aún así, creo que soy “un cagao”.

Porque aunque uno se sepa hablar bien a sí mismo…

Tampoco hay que fliparse mucho.

Espero que hoy estés llevando este lunes bien gordito con algo de gracia y buen ritmo.

Y si no, pues vamos a ponerte un buen temazo que te anime un poco.

Si hasta Nietzsche lo decía: “Sin música, la vida sería un error”.

Y supongo que escuchando un buen temazo se le ocurrió esta otra que hoy, seguro, te viene al pelo:

“Aquel que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo.”

Mañana te toco el timbre a la misma hora,

luego tu ya lo lees cuando te dé la gana y me respondes.

Y yo te leo.

Y si eres Fundador ademas te respondo.

Ah, el temazo... ya me se orvidaba.

Ahí lo llevas.

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