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Parece que me salté las reglas.

Hay una cosa que parece que hice mal en Escocia.

Durante unas 6 horas pedaleé con un tío que no conocía absolutamente de nada.

Nos encontramos por el camino.

Yo le daba de mis barritas.

Él tenía una luz bastante mejor que la mía y cuando se hizo de noche me iba alumbrando.

Charlamos durante horas.

Nos contamos cosas.

Nos reímos.

Y todavía hoy seguimos escribiéndonos.

Por lo visto, sacrilegio.

Porque en este tipo de pruebas hay una especie de mística con que tienes que ir solo.

Que si vas con alguien pierdes la experiencia.

Que si no sufres tú solo con tus pensamientos, mirando al infinito y descubriendo el sentido de la vida, parece que has hecho trampas.

Y entiendo perfectamente esa parte.

De hecho me gusta.

Me gusta muchísimo estar solo.

Y creo que cada vez sabemos estar menos solos.

Tenemos el móvil, los auriculares, WhatsApp, Instagram, podcasts, música, notificaciones…

Cualquier cosa antes que quedarnos 20 minutos con nuestra propia cabeza.

Pero ayer, hablando de esto con mi supersix evo en mi entreno de un jueves cualquiera (bueno, no cualquiera el jueves 8 semanas después de mi cirugía) pensé que quizá hay otra cosa que estamos perdiendo al mismo tiempo.

La capacidad de relacionarnos con un desconocido.

Porque eso también está desapareciendo.

Cada vez hablamos menos con gente que no conocemos.

Cada vez confiamos menos.

Cada vez vivimos más dentro de nuestro pequeño círculo, nuestra gente, nuestros grupos, nuestro algoritmo y nuestro mundo perfectamente filtrado.

Y de repente te vas a hacer una carrera de cientos de kilómetros para “conectar con el mundo”…

y resulta que si aparece un tipo majísimo por el camino tienes que procurar no mirarle demasiado a la cara porque vas a perder la esencia de la experiencia.

Y encima te pueden descalificar…

Pues no sé.

A mí precisamente una de las cosas que más me gustan de la bici es esa.

Que pasan cosas que no estaban previstas.

Que aparece gente que no estaba prevista.

Que durante unas horas compartes comida, cansancio, una conversación o una luz con una persona que hace 10 minutos ni siquiera existía en tu vida.

Y luego cada uno sigue su camino.

No creo que la aventura sea únicamente encontrarte contigo mismo.

Creo que hay que mirar también eso de dejar espacio para encontrarse con otros.

Así que no sé si aquellas 6 horas compartiendo ruta con aquel tipo arruinaron mi experiencia de ultradistancia… parece que según los que más saben sí… pero oye, yo me lo pasé muy bien.

Y te digo, que si para conservar la esencia tenía que haber dejado atrás a aquel tío y seguir pedaleando solo…

No sé, creo que una cosa se pegue con la otra sinceramente.

Y creo que caemos demasiado en poner límites a las diferentes formas de vivir la bici y de decirle a los demás como deberían vivirla.

Las carreras tienen que tener reglas si… pero de ahí a que no te den dorsal porque te quieres apuntar en pareja y tengan prioridad los que vayan a ir solos…

Creo que esas pruebas deberían ser más símbolos de libertad que de limitaciones, pero oye, entiendo perfectamente el punto, solo estoy soltando un poco más de basura digital al algoritmo.

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