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Otra caída.

Me pegué una buena hostia en la bici el viernes.

Vaya año llevo.

Iba muy en lo mío, muy rápido, con la SuperX (gravel)…

Y ya sabes… estas bicis son demasiado rápidas y dan demasiada confianza.

Y empezó a llover.

Y el primer barro después de meses sin llover es hielo, literalmente.

Y…

Estaba grabando con una mano los rayos que caían del cielo.

Quería “cazar” uno…

Y de nuevo la misma historia que en Austria.

Un despiste, una piedra, no estoy centrado del todo en lo que estoy.

Y salgo volando.

Reaccioné rápido. Sentí cómo se paraba el tiempo.

Todo lo contrario al accidente de Austria, del que no recuerdo nada.

Aquí algo se encendió: mi cabeza procesó la protección de la clavícula, del hombro y las 3 costillas rotas del accidente de junio.

Y hice un mae-mawari-ukemi de manual.

Es la “voltereta típica de judo”.

Fui cinturón marrón de judo, algo debería haberse quedado…

Todo bien.

Heridas.

Y un poco magullado por todas partes, especialmente el peroné derecho, que, tras unos rayos en urgencias, parece que tiene un hematoma gordo… pero bueno, nada que no se cure “solo”.

Así que ni tan mal.

El martes espero ya estar en la bici.

De momento, pesas.

Otra caída.

Otra lesión.

Mi año lleva un catálogo de lesiones y caídas propias de un pro.

Pero necesitaba esa caída.

Después de un accidente en el que te has roto mucho, queda un bloqueo mental que hay que retirar rápido. No es miedo a caerse, es miedo a romperse.

Porque los que hacemos bici nos caemos.

Sobre todo si haces MTB, Enduro… etc. Te caes mucho.

Pero te levantas y vuelves a tirarte por el mismo sitio.

Esa es la ley.

Hay que superar la caída pronto.

Pero cuando no has podido volver a enfrentarte rápido a ese preciso lugar donde te caíste porque una cirugía y su recuperación llevan tiempo… no es tanto el miedo a caerte de nuevo lo que crece en tí, sino el: ¿podré caerme sin romperme la próxima vez?

Y más cuando vas cumpliendo años…

Pues sí.

Claro que sí.

En psicología hay un concepto llamado “violación de expectativas”.

Michelle Craske y sus colaboradores lo explican al estudiar cómo aprendemos a superar el miedo: cuando esperamos un desenlace y ocurre otro, podemos aprender algo que contradice nuestra predicción.

Después de Austria, el tiempo había unido cosas en mi cabeza:

caerme y romperme.

El viernes me caí.

Y no me rompí.

Austria se hace pequeñita desde el retrovisor...

No quiere decir que la próxima caída vaya a salirme bien.

Pero ayuda a redirigirme para limpiar las siguientes migas del suelo.

Soy una Rumba.

Y ya que estamos…

Un mensaje para mi yo del futuro que igual le interesa al tuyo:

Cuando andas en bici, andas en bici.

Déjate de hostias y deja de hacer otras cosas mientras andas en bici…

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