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Hace un tiempo un tipo (que ha pasado por nuestro podcast) me dijo que lo estaba haciendo mal.

Que si seguía así, haría daño a mi marca.

Que al ser yo el "entrevistador", todo el reconocimiento y el cariño se lo llevaba el invitado, y que seguir así era una mala idea.

Cuando esto pasa, y alguien me dice que lo que estoy haciendo está mal, lo primero que miro son sus intenciones.

¿Por qué alguien te diría algo así?

¿Cuál es su motivación?

¿Quiere algo de mí?

Decirle a alguien que eso que hace está mal no es un tema menor, así que lo primero que hay que intentar entender es por qué querría ese alguien que dejaras o cambiaras algo que estás haciendo.

Hoy he pensado en esto porque en nuestros últimos 2 episodios, con Edgar Carballo o Carlos Coloma, todos los comentarios son de cariño y reconocimiento hacia los invitados.

Y he pensado de nuevo en quien me dijo esto.

Le he visto ahí, en la esquina de mi estudio, riendo y señalando en la oscuridad como duendecillo travieso...

Me gusta.

Me gusta que el cariño sea para mis invitados.

Eso quiere decir que lo estamos haciendo bien. Es como tiene que ser.

Si buscáramos el cariño hacia nosotros, entonces la motivación sería equivocada.

Cualquier cosa que hagas tiene que estar por encima del reconocimiento propio.

Lo importante es lo que se hace, la obra.

El resto, si llega, bien recibido sea. Pero en cualquier caso requiere tiempo y requiere obra.

Sin obra, ya puedes intentar que todo sea tú, tú, y tú... que da igual.

A nadie le importa un carajo lo que quieras ser o lo que digas que seas.

Lo que importa es lo que haces.

Quizá por eso el ego a veces disfraza sus consejos de advertencias en modo mafioso: porque no soporta no ser el centro.

Pero cuando el ego es el de otro, hay que activar las alarmas.

Lo importante no es tu reflejo sino lo que consigues reflejar en otros. Así la libertad aparece. Y con ella, la obra crece.

"La humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo."

— C.S. Lewis

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