La Vuelta no necesita eso.
Hay un movimiento estos días. Seguro que te has enterado porque se habla de él en todas partes.
Consiste en dejar de seguir a los influencers.
No sé muy bien cómo arrancó, pero a tope con él.
No creo que a ninguna persona con algo de sentido común le parezca especialmente buena señal que el 80% de los niños quieran ser influencers.
Influencers sin más.
No como consecuencia de haber hecho algo extraordinario.
De haber construido algo.
De tener un oficio.
De aportar algún valor.
Simplemente influencers.
El resultado por delante del cómo.
Y, como contraparte, ha surgido el movimiento contrario —bastante divertido, por cierto— de influencers diciendo:
«Yo no soy eso. A mí no me va a dejar de seguir la gente porque yo soy de verdad, tralarí tralará».
Cuánta tontería.
Riámonos al menos.
Porque tú no decides lo que eres para los demás.
Es quien lee, quien mira, quien escucha, quien prueba… quien acaba decidiendo qué eres y si tu trabajo tiene valor o no.
Si tú decides que lo que yo hago no merece tu atención y no vale un cagarro, así es.
No hay mucho que llorar.
Aristóteles decía algo que viene bastante al caso: el honor depende más de quien lo concede que de quien lo recibe.
Me encanta esa idea.
Porque significa que puedes llamarte relevante, auténtico, creador o referente tantas veces como quieras.
Da igual.
El reconocimiento te lo dan los demás.
Pero hay otra parte todavía más interesante:
quien concede ese reconocimiento también está diciendo qué considera digno de él.
Y aquí viene La Vuelta.
Pero al lío, que me lío.
La Vuelta.
¿De verdad?
La Vuelta atravesó el año pasado un infierno como marca y como evento.
Y, en mi opinión, lo atravesó con mucho oficio.
Defendiendo una carrera, a sus corredores, a sus equipos y, sobre todo, la idea de que aquello tenía que seguir siendo deporte.
Pero ayer me encontré con una de las personas contratadas por La Vuelta para la creación de sus contenidos en sus canales oficiales, de verdad…
Me atravesó un puñal el pecho. Frío y doloroso.
¿Por qué?
¿Por qué han elegido a una persona que ha construido buena parte de su notoriedad alrededor de la provocación, la sexualización y el clic fácil?
Y mi problema ni siquiera es ella.
Cada uno construye su carrera como considera.
Mi pregunta es otra:
¿Por qué La Vuelta decide que eso es lo que quiere poner en su escaparate?
¿De verdad?
¿Solo importa el ruido?
¿No hay una marca que cuidar y proteger?
¿No es suficiente con el espectáculo deportivo?
¿No era precisamente eso lo que el año pasado reivindicábamos muchos aficionados?
Que nos quedásemos con el deporte.
Que dejáramos a los profesionales hacer su trabajo.
Que una de las carreras más importantes del mundo fuese, ante todo, una carrera de personas sobre bicicletas.
Y aquí está mi decepción por encima de todo, porque si nos referimos a la marca, una marca no solo elige las personas que quiere que formen parte de su voz.
Elige lo que premia, lo que hace bien a su (lo que llamamos los del oficio) “BrandBook”.
¿Y sabes? aquello que una institución premia acaba diciendo mucho más de la institución que de la persona premiada.
Miles de Influencers se han quedado en estos días sin el apoyo de grandes marcas pero sin embargo nos encontramos con este otro extremo.
Para mi, incomprensible.
Ayudadme a entenderlo.
Ayudadme a entender por qué esta influencer ha sido contratada en vez de contratar a cualquiera de los profesionales que cada semana se esfuerzan en hacer un producto de calidad con criterio y rigor.
No sé quién toma estas decisiones, pero me encantaría entrevistarle.
De verdad.
Preguntarle cuál es la idea detrás.
Qué quieren construir.
Qué valor consideran que aporta esa mirada a La Vuelta.
Sé que no va a suceder, y que no tendré la suerte de poder hablar de esto en mi proyecto.
Y sé que quizá mis puertas con La Vuelta se cierren después de publicar esto.
Pero supongo que es lo que sucede cuando tomas según qué decisiones.
Que quizá otros no puedan acompañarte.
Yo en esta decisión no puedo acompañar a La Vuelta, incluso me ha quitado las ganas de seguir la carrera... ¿exagerado?
No sé… soy un tío sensible…
Y mi forma de entender el mundo y este deporte no quiere seguir eso.
Porque…
Hay muchísima gente ahí fuera con talento, conocimiento, oficio, historias y una capacidad brutal para enriquecer una marca y una carrera como La Vuelta.
Periodistas.
Ciclistas.
Creadores.
Fotógrafos.
Aventureros.
Entrenadores.
Personas que llevan media vida alrededor de una bicicleta.
Gente capaz de conseguir atención, claro que sí.
Pero como consecuencia de aportar algo.
No necesitamos convertir todo en ruido.
Las ideas son más importantes que las…
Perdón, no quiero ser grosero.
No necesitamos que cada decisión termine subordinada al clic.
Porque ese es precisamente el problema de esta época:
hemos confundido ser visto con tener algo que decir.
Y no son lo mismo.
Nunca he tenido demasiado problema en perder amigos, relaciones u oportunidades por decir lo que pienso.
Y me temo que esta va a ser una de ellas.
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