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La canela y la fibra de carbono.

Hace 2.500 años la canela era uno de los productos más valiosos del mundo.

Y casi nadie sabía de dónde venía.

Los comerciantes contaban historias extraordinarias para que su valor siguiera subiendo.

Pájaros gigantes que hacían nidos imposibles en acantilados inaccesibles con las ramitas de canela.

Todo para explicar por qué aquel pequeño trozo de corteza costaba una fortuna.

La historia era falsa.

Pero mantenía el valor de aquello.

Parece un poco tonto pensar en creerse algo así… pero nosotros hacemos algo bastante parecido.

No con la canela.

Con todo.

Intentar explicar una bicicleta moderna es prácticamente imposible.

La composición de las fibras.

Los laminados.

Los moldes.

La orientación de cada capa.

Los ensayos.

La aerodinámica.

Miles de decisiones invisibles…

Así que toca jugar con las historias.

La bici que ganó el Tour.

El ingeniero obsesivo que bajo 1000 veces una montaña probando cada día una mejora nueva.

La marca nacida en un garaje….

Lo fácil es pensar que las historias existen para vendernos cosas.

Pero existen porque a nuestro cerebro le cuesta valorar las cosas de otra manera.

Nadie se enamora de una hoja de especificaciones.

Ningún usuario sabe que tabla de datos es mejor que otra.

Nadie cruza medio planeta para ver y entender como funciona la fábrica por dentro antes de hacer una compra.

Pero millones de personas sí paran lo que sea que estén haciendo para escuchar una historia interesante y buscan a otros millones después, para compartirla y sentirse únicos por formar parte de ella.

Y mirando así, entonces se ve diferente a aquellos comerciantes de canela.

No estaban vendiendo especias.

Estaban haciendo algo mucho más valioso.

Estaban convirtiendo valor en algo que un ser humano pudiera comprender y compartir.

Porque el valor es abstracto.

Pero una historia que cabe en la cabeza…. se queda para siempre y puede alcanzar un valor inimaginable.

Y quizá por eso las mejores historias nunca ganan porque sean ciertas, ganan porque consiguen crean una realidad que se entiende y sobre la que quieres formar parte.

Es sólo marketing dicen…

Mientras guardan entre sus paredes cientos de marcas que consiguieron hacer hueco en sus vidas a través de una buena historia.

Échale un poco más de canela a esa idea.

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