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Hoy convenceré a otros de que ya convencí a muchos más...

Samuel se levanta de la cama, cruza su minúsculo apartamento y se mira al espejo.

Con medio cuerpo doblado porque el techo de la boardilla se acuesta sobre su microbaño.

Pegado al retrete y sujetándose con un brazo en el picaporte de la puerta y con el otro en el lavabo.

Se mira a los ojos y se repite: “Hoy convenceré a otros de que he convencido a muchos más”

Samuel es una rareza.

Es un tipo que nunca hizo dinero, que nunca consiguió nada, que nunca tuvo la paciencia e interés por mejorar en nada… y que vive mentalmente embadurnado en esa miel inventada por todos aquellos que prometen hacerte millonario si compras su mielda.

Samuel está infectado como tantos otros, pero es una rareza.

Una noche despertó en medio de un sueño con una visión.

Ninguno de esos, de los que están a ese otro lado han hecho miel nunca…

No son abejas, son moscas.

Comen mierda, no vomitan miel.

Todo mielda.

¿Y entonces por qué me influyen tanto?

Samuel no ha conseguido cosas pero no es tonto.

Enseguida descifra el juego:

El truco está en convencer a alguien de que convenciste a otros.

Samuel se pone en marcha.

No a mejorar, no a aprender nada, no a crear valor para nadie.

No.

Samuel va a jugar al mismo juego del resto de las moscas.

Se graba un vídeo en su microbaño, con la lámpara colgando torcida y la humedad de las paredes dándole ese lookdecadente, casi aspiracional de gurú "underground". Y arranca:

"Aquí, desde mi piso boutique, quiero contaros cómo conseguí la mentalidad millonaria. Cómo convencí a miles, cómo logré escapar de la matrix."

Al principio no pasa nada. Ni un alma. Ni siquiera su madre le pone un corazoncito… nada.

Pero Samuel es tozudo.

Compra seguidores falsos. Se monta una web con una plantilla barata y se inventa testimonios que parecen sacados de un foro abandonado en 2009.

"Ahora vivo viajando y facturando cientos de miles de euros gracias a Samuel", dice “Esteban S.” con una sonrisa de banco de imágenes.

Y entonces, el milagro.

Un primer comentario real:

"¿Cómo lo hiciste? Enséñame."

Samuel lo sabía.

No hace falta tener la miel. Solo hay que vender la idea de que ya la tienes.

Y así empieza el ciclo.

Mes tras mes, Samuel construye su propio mini-imperio de espejismos.

Vende una membresía mensual donde no enseña nada nuevo, solo cómo él vendió su propia membresía.

Pero un día, mientras escrolea para revisar su "tribu", algo se le revuelve en el estómago.

Casi todos sus clientes han empezado a vender exactamente su curso, con las mismas frases, los mismos PDFs, incluso los mismos ejemplos inventados. Cada uno bajo su marca personal y con la misma sonrisa impostada.

Samuel abre un vídeo al azar y escucha su voz en boca de otro.

Otro tipo en su mismo baño cutre, con su mismo tono, con su mismo mantra:

"Hoy te enseñaré a convencer a otros de que ya has convencido a muchos más."

Sigue buscando, y encuentra decenas, cientos de clones, todos repitiendo palabra por palabra la fórmula.

Hasta que entonces, en la madrugada, rebuscando en su portátil, Samuel encuentra una carpeta vieja de descargas.

Un curso.

Un curso que compró años atrás, cuando soñaba con ser alguien.

Abre el primer módulo y escucha la misma frase que ahora todos repiten.

La misma estructura.

El mismo truco.

Samuel cierra el portátil.

No dice nada. Solo se queda ahí, en su boardilla minúscula, mientras al otro lado de la pantalla, decenas de versiones de sí mismo enseñan a otros cómo venderle el truco a otros que harán lo mismo.

El mundo llenándose de mielda.

Samuel se da cuenta de que no es el inicio de nada.

Solo es un eslabón más en una cadena infinita de gurús que no crearon nada… solo replicaron la infección.

Y mientras tanto, su móvil vibra con una notificación nueva:

"Samuel, tenemos una oferta especial para ti: ¿quieres aprender cómo romper el ciclo y salir del sistema?"

Samuel sonríe, pero ya no sabe si es él… o solo una mueca más en la maquinaria.

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