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Ellos también lo hacían.

Los genios, los más grandes de la historia, también procrastinaban.

Así que no te sientas tan mal cuando lo hagas.

Victor Hugo se encerraba en un cuarto completamente desnudo, con solo una manta, para asegurarse de que no saldría de casa y concentrarse únicamente en escribir.

Darwin tardó más de 20 años en publicar El origen de las especies. Durante ese tiempo, procrastinaba con largos paseos por su jardín, criando palomas y escribiendo sobre todo tipo de temas que no tenían nada que ver con su gran teoría.

Mozart procrastinaba hasta niveles peligrosos. Algunas de sus piezas más icónicas fueron escritas en la madrugada antes del estreno. La obertura de Don Giovanni la terminó pocas horas antes de que la orquesta la tocara por primera vez.

Frank Lloyd Wright, el arquitecto de la legendaria Casa de la Cascada (Fallingwater), procrastinó durante meses en su diseño. Su cliente lo presionaba y él seguía diciendo que lo tenía “todo en la cabeza”.

Cuando finalmente lo llamaron para decirle que estaban en camino a su estudio para verlo, lo diseñó entero en dos horas.

Einstein defendía la procrastinación como una herramienta creativa. Decía que sus mejores ideas llegaban cuando estaba relajado y dejando vagar la mente.

Y así… la lista crece sin parar.

Pero ojo, que hay tres tipos de procrastinadores:

  • El evasivo: posterga por miedo al fracaso o la crítica.
  • El buscador de emociones: necesita la presión del último minuto para sentirse motivado.
  • El indeciso: se paraliza ante demasiadas opciones y no sabe por dónde empezar.

El primero hay que trabajarlo, no puede ser. Perder nunca es un fracaso, fallar nunca es un fracaso. A estos hay que ayudarles a navegar su barquita porque, aunque no lo sepan, pueden llegar mucho más lejos de lo que piensan.

A los segundos… bueno, yo estoy ahí. No tengo mucho que ver con Mozart, pero por lo que sea, me emociono y me obsesiono con un proyecto, y por lo que sea, la magia surge siempre cuando estás al borde del precipicio.

Y los terceros… solo necesitan un empujoncito, una luz, un guía… y enseguida encontrarán la claridad para centrarse en el foco.

Cuidado, que procrastinar no es lo mismo para todos.

A mí me gusta quedarme con el estudio del psicólogo Adam Grant, que en su libro Originals argumenta que un poco de procrastinación puede ser positivo. Según sus estudios, las personas que procrastinan moderadamente (sin llegar a extremos) tienen ideas más creativas.

Dejar un proyecto en pausa puede permitir que el cerebro lo procese en segundo plano, generando conexiones más innovadoras.

Me quedo con esto último… porque me conviene, sí… será por eso.

"No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana igual de bien." — Mark Twain

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