El testículo cazador de sueños.
Encontramos una casa donde pasar la noche.
Después de una etapa brutal. La penúltima etapa de nuestro viaje en Cuba.
Veníamos de acampar en un acantilado, de parar en cada playa que nos encontrábamos y aún así le metimos 100km a ese día.
Necesitábamos un punto donde hacer noche antes de cerrar nuestro viaje de vuelta a La Habana.
El mejor bikepacking que hemos hecho nunca y que ya estamos montando en vídeo para compartirlo con vosotros.
A la mañana siguiente, cuando nos despedíamos, había un señor bastante mayor sentado en una silla.
Mirándonos, preguntándose cómo era posible meter tantas cosas en esas extrañas bolsas atadas a nuestras bicis, haciéndose preguntas en silencio primero y después liberándolas contra nosotros.
Aguantó la curiosidad hasta que moví un poco la bici y el foco de la dinamo se encendió y le alumbró:
- Lleva la lú prendía - me dijo
- Sí, sí…. - es una dinamo, no gasta.
- Pero no hace falta lú, está bien duro el sol hoy - Insistió
- Ya, es por seguridad para que nos vean mejor en los caminos
Hizo un ruidito como de validación.
Le miré y le sonreí y allí estaba.
Su huevazo de medio kilo sonriéndome de vuelta.
El señor no llevaba ropa interior, vestía sólo un pantalón corto ligero y tenía las rodillas separadas, lo suficiente para que esa monstruosidad asomara con ánimo escapista.
Cuando pasa algo así, no puedes dejar de mirarlo.
Volví la cabeza y seguí a lo mío. Miré a Pam a ver si lo había visto… aún no.
Le levanté una ceja, señalando de espaldas. Una cosa así no se puede proteger en el recuerdo de uno, hay que compartirla…
Pam asomó la cabeza a un lado detrás de mi y fué golpeada por la sonrisa del señor y la de su testículo gigante.
- ¿Vaya huevazo no? - me susurró
- Vaya huevazo sí…
Terminamos de recoger y me senté en el suelo al lado del señor del testículo gigante.
Mientras, Pam se perdía dentro de la casa buscando a la dueña para preguntarle por la ropa que habíamos lavado el día anterior a nuestra llegada.
- Bonita llave. - Le dije.
El señor tenía una llave antigua en la mano izquierda, atada con una cuerda a uno de sus dedos.
- Es para no dormirme - me respondió.
- ¿Como Dalí? - le pregunté
- ¿Cómo?
Y le conté la historia del estado hipnagógico que Dalí buscaba para encontrar ideas locas.
El señor me miraba con curiosidad.
Ese tipo de curiosidad que encuentras a veces en los viajes cuando intentas relacionarte con alguien.
Una curiosidad que no sabes si es real o simplemente que no entienden lo que les estás contando.
Yo seguí.
- Sí, Dalí el pintor Español. Se sentaba en una silla a dormir con una llave grande de hierro parecida a esa y un plato metálico en el suelo. Cuando se quedaba dormido la mano se le abría, la llave caía y al golpear el plato él se despertaba.
- Yo hago lo mismo. - me contestó - si me duermo de día luego no duermo de noche. Cuando siento el tirón en la mano me despierto.
- El lo hacía para aprovechar el estado hipnagógico, un momento en el que el cerebro empieza a desconectar para el sueño y entre la consciencia y la inconsciencia le vienen a uno ideas locas que de otro modo es complicado tener.
El señor se cayó.
Yo me callé.
Pam vino con la ropa. Terminamos de guardarla en las bicis mientras veía por el rabillo del ojo cómo el señor miraba su llave.
Nos subimos a las bicis y al despedirnos le dije:
- Thomas Edison y Albert Einstein también lo hacían. Buscaban cómo capturar sus sueños.
El señor nos levantó la mano despidiéndose mientras sonreían el y su testículo gigante.
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