El riesgo de validar tu idea y demostrar que existe un mercado.
Ayer tuve una reunión con el CEO y fundador de una start-up española que está revolucionando una parte del sector de la bici en España.
En poco más de un año, han demostrado que hay un mercado muy interesado en su servicio y se puede decir que ya han validado el MVP (el mínimo producto viable).
Pero no hablamos de esto hoy.
Hoy hablamos de algo que me sorprendió mucho cuando terminamos la reunión.
Te cuento:
La reunión se fue convirtiendo poco a poco en una sesión de diseño estratégico. Después de preguntar y preguntar, y terminar de entender su proyecto, había algunas cosas que, para mí, eran demasiado evidentes y que necesitaban un re-enfoque.
La más importante era la dependencia de terceros.
Por confidencialidad no te puedo contar detalles, pero, en general, es un gran servicio que han demostrado que se valora y se compra, pero que hoy por hoy, tal y como lo están ofreciendo, requiere siempre de un tercer protagonista para completarlo.
A esto hoy le llamamos “marketplace” y nos quedamos tan anchos. Pero no siempre un marketplace es una buena idea, y aunque lo sea, suele ser un modelo de negocio bastante “riesgoso” por la alta dependencia.
Mi trabajo consiste en mostrarte en el momento en el que estás, lo que ya has conseguido y, a partir de esa claridad en los hechos, cómo comprender el valor de esa fase para diseñar de la mejor forma las siguientes.
Así que, yo en lo mío, me preocupé mucho en explicarle que:
El peligro de demostrar que existe un mercado nuevo con una necesidad X es que, si en tu propuesta de valor tu modelo depende de un tercero, otros pueden ver la oportunidad de ese mercado que tú has validado y ofrecer una propuesta de valor igual o mejorada al usuario, pero sin la dependencia de ese tercero.
Y sacarte literalmente de la ecuación competitiva porque su modelo es una versión del tuyo mejorada, con una reducción drástica en las amenazas.
Y eso gusta más a los inversores.
El fundador de esta empresa no me había pedido consejo, pero la charla fluyó y no lo pude evitar.
No paraba de tomar apuntes y de decirme que se sentía muy agradecido por darle claridad y ayudarle a diseñar el futuro de su empresa.
Y yo me sentía un poco “avergonzado” porque, en cierto modo, me había metido donde no me llamaban. Pero me parecía tan evidente… que, si algo puedo aportar con mis 25 años de emprendimiento, dirección, captación de inversión y venta de start-ups, es visión y consejo.
Y no tiene por qué depender de que me contraten o no para ello.
Me dijo literalmente:
“En una hora contigo, siento que has multiplicado por 10 el valor a futuro de este proyecto. Voy a seguir tus recomendaciones.”
Me sorprendió mucho lo agradecido que estaba.
Y después me ofreció que colaborásemos de algún modo.
Así que es muy probable que acabe formando parte de ese proyecto de una forma u otra… pero ya veremos.
De momento, metí al menos tres semanas entre medias hasta que volviésemos a buscarnos, porque, tras una reunión así, me interesa saber en el plazo de unas tres semanas cómo ha redefinido su enfoque. Ver la plasticidad en su visión y si ha sido capaz de llevarlo incluso más allá.
Porque eso dice todo de un emprendedor. Y aparentemente este tipo lo tiene. Pero mi recomendación ante momentos así es dejar espacio y ver qué pasa.
Pero hay una cosa que quiero decirte hoy:
Regala tu conocimiento todo lo que puedas.
Porque siempre, siempre, vas a tener retorno.
Nunca he tenido miedo de contar de más, de regalar ideas, de ayudar a quien sea gratis.
Porque sé que, lo mínimo, mínimo, es que ganarás el cariño y el agradecimiento de alguien.
Y eso ya es mucho.
Pero ya te digo, que suelen pasar más cosas de las que te imaginarías.
Recuerda que, si eres fundador, estoy regalando entre vosotros sesiones de diseño estratégico para ayudaros en vuestro momento vital, proyecto o emprendimiento.
Solo tenéis que escribirme y darme contexto. Bastantes ya lo habéis hecho y decidiré pronto. Así que, si andas con dudas, lánzate.
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