El acertijo del tiempo parte 2
Corres a sacar la pizza del horno.
El teléfono sigue sonando.
Salvas la pizza.
Tiene buena pinta, huele bien, aunque ni siquiera te das cuenta de ello, estás a otra cosa. Das la vuelta y miras el teléfono.
"Número desconocido."
Puedes leerlo desde la cocina.
Sabes quién es…
Te preguntas qué te dirá...
Te acercas.
Coges el teléfono.
Te lo piensas un segundo… y deja de sonar.
¿Habrás perdido la oportunidad?
¿Habrás salido del bucle?
¿Habrás resuelto "la cuestión" que incomoda a tu yo del futuro?
Dejas el teléfono en la mesa.
Miras la bici apoyada contra la pared.
Hace tiempo que no montas.
Ya ni siquiera recuerdas la última vez que la manchaste…
El apartamento está tranquilo, pero tú ya no tienes hambre.
Fuera hace frío, llueve, hay viento…
Lleva semanas así.
Miras de nuevo la bici.
Antes no te importaba.
Salías cuando fuera y como fuera.
Era tu terapeuta, tu confidente, tu sparring…
Cruje algo en la cocina y te sobresaltas… estás un poco tenso.
Respira.
Siempre que enciendes el horno pasa lo mismo… al enfriarse, crujen cosas.
Ahora sí hueles la pizza.
Miras el teléfono, compruebas la batería y la señal.
Todo está bien.
Miras la puerta. No hay nuevas cartas.
Encima de la mesa sigue la última que recibiste.
"Hazlo."
Lo repites en voz alta:
—Hazlo.
Pones el dedo encima del papel contra la mesa.
Lo haces girar en círculos con la otra mano.
Miras la bici.
Disfrutas solo con mirarla…
Pero mirándola no pasan cosas.
Hace tiempo que no pasan cosas.
Tiempo en el que todo fue cambiando poco a poco.
Pero la bici sigue igual. Ahí, esperando.
Eres tú el que fallaste.
La inercia, las responsabilidades, las expectativas, el trabajo, los demás, las "cosas"…
No recuerdas dónde tienes la ropa con la que montabas.
Ni siquiera recuerdas qué te ponías, por ejemplo, para salir un día como hoy.
Pero son casi las 22:00… ¿quién saldría a estas horas y con éste tiempo?
Suena el teléfono.
Te ha llegado un mensaje de texto:
"Antes no te importaba."
Número desconocido.
Vas al cuarto de baño. Te miras en el espejo.
Rostro desconocido.
Eres tú. Pero antes te gustabas más.
Tanto que casi ni te reconoces.
Vuelves al teléfono. El mensaje sigue ahí.
No estás loco. No te lo estás inventando.
Está pasando.
Entras en la habitación, revuelves la ropa en el armario.
Al fondo, encuentras el chubasquero, el casco, las gafas fotocromáticas, las zapatillas y los guantes...
Te sientas en el suelo, con la espalda contra la cama.
Vuelve a sonar el teléfono.
Están llamando.
¿Contestas, sales a montar de noche y sentir la vida en la cara o te quedas y comes la pizza?
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