Difícil
Hay una cosa que aprendí hace ya bastante y que funciona muy bien para conocer a la gente.
Sobre todo a tus equipos, con quien trabajes.
Consiste en preguntar: ¿Qué has aprendido?
Tras un trabajo, proyecto, periodo intenso de actividad...
Hay 3 tipos de respuestas: La queja, la mejora, la evasión.
La segunda es la que importa, la que te enseña a quien tienes que cuidar y proteger en tu equipo.
Las otras 2... mal asunto.
Porque entre otras cosas demuestran la poca sensibilidad ante la oportunidad de "lo difícil".
Cualquier cosa que sea difícil es una oportunidad.
Lo fácil puede hacerlo cualquiera. En lo fácil no se destaca.
En lo difícil pasan las cosas.
En lo fácil se te escapan las cosas.
Y es ahí, en lo difícil, dónde de verdad conoces a las personas.
Porque lo difícil es un espejo.
Te devuelve justo lo que llevas dentro.
No miente.
Los perezosos saben que en esos momentos deben esforzarse, porque si consiguen transmitir su dolor, quizá consigan que la próxima vez se trabaje menos.
Hay quien solo ve injusticia, culpa o mala suerte.
Y hay quien, aunque le duela, busca entender y se ajusta.
La respuesta a “¿Qué has aprendido?” no es una herramienta de gestión.
Es una ventana que se estampa contra un espejo.
La dificultad de las cosas es lo que las hace interesantes.
En lo difícil está lo que importa.
Lo que se recuerda.
Lo que nos une.
"Qué has aprendido" es una declaración de intenciones.
Porque sin hacer nada no se aprende nada.
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