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72 horas. Parte 1.

Marco y Juan salen a montar juntos como cada viernes a las 10:00.

Marco inicia la conversación:

—¿Te acuerdas del túnel de la vía vieja?

—¿El que cruza el monte, antes del embalse?

—Sí, ese. El que cerraron hace años, cuando se vino abajo un tramo.

—Sí, claro. ¿Qué pasa?

—Fui. El otro día. Por curiosidad.

—¿Con qué bici?

—Con la nueva Topstone la gravel que te mandé las fotos, pero eso no importa.

—Siempre importa... es la primera pregunta de cualquiera que monte en bici sobre todo cuando habla con un loco de las bicis como tu que estrena bici cada 6 meses...

—Vale... pue el loco sige con la historia... fui al túnel.

—¿Para qué?

—No sé. Lo soñé la noche anterior. El túnel. Oscuro. Vacío. Me desperté con esa imagen clavada. Salí en bici sin pensarlo. Antes de media mañana ya estaba frente a la verja.

—¿Y?

—Alguien la había cortado. Un hueco justo para pasar con la bici. Entré.

Frío. Se escuchaba el eco de gotas salpicando contra charcos. Avancé, no llevaba luces. Me dejé tragar por la oscuridad.

Y entonces, vi una figura iluminada en medio del túnel.

—¿Quién?

—Un hombre. De pie. A un lado, una bici. De carretera, antigua. Brillante. Impecable.

No se inmutó. Me miró como si me estuviera esperando.

Y dijo:

“Vamos bien. Ya casi empieza.”

—¿Empieza qué?

—No lo sé. Le pregunté lo mismo.

Me respondió mientras sacaba algo de una bolsa enrollada en el manillar:

“¿Cuánto tiempo podrías estar solo, sin cobertura, sin internet, sin saber nada del mundo?”

—¿Y tú qué le dijiste?

—Le dije que no sabía. Que lo había pensado alguna vez. Pero que siempre me quedaba enredado en los matices.

—¿Qué tipo de matices?

—Ya sabes... depende de dónde, con quién, si tienes suficiente comida... o no... si es un apocalipsis de verdad o un apagón sin más... cuántas bicis me dejas tener...

—¿Y qué dijo?

—Me dijo:

“Están preparando a la gente para el encierro. Para sobrevivir tres días en su salón. Latas, agua, radio… como si el miedo se pudiera almacenar en botes.”

—Ya… la mierda esta que no paran de contarnos estos días...

—Y siguió:

“Te dicen que te prepares. Que esperes. Que no salgas. Que no mires. Que te encierres con tus cosas, tus pantallas y tus miedos.

Pero nadie te dice esto: si no sabes moverte, estás muerto.”

—¿Y qué más?

—Se agachó, encendió un hornillo. Empezó a hervir agua.

Yo no decía nada. Me quedé mirando su bici. Era preciosa. Fina. Cinta de cuero, frenos de pinza, las llantas nuevas, todos los detalles cromados, brillantes...

Me quedé atontado viendo cómo el fuego del hornillo iba dibujando reflejos por toda la bici...

—¿Y no te pareció raro ese tipo ahí solo?

—Sí. No sé... soñé con el túnel y fui al túnel. A partir de ahí, todo parecía mezclarse... El tiempo, los sonidos, la temperatura...

Nada parecía real y, a la vez, me sentí más presente que nunca.

—¿Y qué hizo después?

—Vertió la sopa en un bidón metálico, lo cerró con una goma y lo metió en el portabidón de la bici.

Luego se subió.

Sin decir nada.

Y se fue túnel adentro.

Sin luces.

Desapareció en la oscuridad como si conociera cada piedra de memoria.

—¿Y le seguiste?

—¡¿Qué dices, loco?!

Me di media vuelta y salí a toda velocidad de ese maldito agujero...

—¿Y todo eso por qué? ¿Porque lo soñaste?

—No. Porque estaba allí. Porque lo vi.

—Te lo has inventado todo, ¿verdad?

—Te juro que no.

—¿Seguro?

—No.

—Ya…

—Pero dime una cosa… ¿tú sí tienes tus 72 horas preparadas?

—Mmmm, no. Es ridículo.

—¿El qué?

—El mensaje, la intentona de asustarnos para justificar un rearme en Europa... es un mensaje muy tonto.

Cualquiera tenemos en los armarios suficiente comida para aguantar una semana... con un poco de arroz, pasta, un par de latas de atún, tomate.. yo que sé... si viéramos como vive media población mundial nos parecería de broma que nos animen a acumular "víveres por 72 horas"...

—Ya... ¿sabes? Me lo he inventado todo.

—Ya ya... no tienes que confesar. Pero me gusta que me cuentes tus historias mientras pedaleamos, siempre me ha gustado. Me encantan nuestros viernes.

Te lo agradezco, y te agradezco que me hagas mirar la bici de otra manera. Me gusta dejar de mirar los vatios y el resto de mierdas aunque sea solo por un día...

—Yo también disfruto mucho nuestras salidas... son lo mejor de la semana...

—¡Mira Marco! el desvío al túnel... ¿lo cogemos? ¿Vamos a ver si está tu amigo allí?

—Hahaha, venga... no déjalo, era todo un cuento, sigamos nuestra ruta.

—No, en serio, vamos a ver el túnel, hace mucho que no voy por allí.

—¿Estás seguro?

—Hahahah no me vas a asustar Marco...

¿Cómo quieres que continúe?

¿Van o no van al túnel?

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